Amuy pocos metros de donde unos cuantos padres de la patria y la ciudad, con traje y vestido de domingo, vivían su película del futuro, el progreso, la modernidad, los sueños de otra reindustrialización, los trenes llenos de turistas, los discursos manidos y repetidos, los miles de millones de euros gastados (¿a cuanto tocamos si lo reparten?), de las placas mal colocadas («¡Viva Honduras!»)...; a muy pocos metros de aquello que tan bien dibujó Berlanga en ‘Bienvenido Mr. Marshall’ cuando Pepe Isbert veía caer sobre el pueblo gochos en paracaídas con la bandera americana; a muy pocos metros de la fiesta donde los que vivían en su propio corralito se negaron a salir a saludar aunque hubiera entusiastas que se atrevían a gritar «¡Mariano, guapo!», «Ana, ministra, ¡guapa!»;a muy pocos metros de los que incluso pedían al Rey para que la fiesta fuera de abrir el Telediario...
A muy pocos metros de lo que se empeñan en calificar de otro día histórico para esta tierra (si todos los así bautizados lo hubieran sido seríamos la locomotora de Europa) los chavales, ajenos siempre a las palabras vacías, centran su atención en lo que saben que sí es verdad, en la tangible.
Y los burros sí son de verdad (¿un mensaje subliminal del viejo Tren Burra?), los burros siempre son de verdad, cuando trabajan como burros y cuando sueltan una coz. Pero sin discursos.
Los burros sí son de verdad
01/10/2015
Actualizado a
14/09/2019
Lo más leído