Pasado aquel momento tenso todo volvía a la calma; como cuando los mastines bajan feroces con sus ladridos roncos y cuando ya no sabes si correr o llorar se detienen, marcan su territorio y se van. El susto es lo que te queda.
Dicen los expertos que hasta el oso se dará la vuelta si tienes la sangre fría de verlo acercarse, quedarte quieto y mirarle a esa cara que tanto gusta a los cazadores de fotografías.
Ellos andan a lo suyo, por más que en el horizonte esté acabar en algún horno para celebrar una Navidad en la que igual es lo único que nos van a permitir, siempre caen los mismos.
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