Degenerando, degenerando

28/05/2015
 Actualizado a 19/09/2019
2015-05-28-a-la-contra.jpg
2015-05-28-a-la-contra.jpg
Que los toros sean la Fiesta Nacional habla de nosotros. Como tu quieras, para bien y para peor, que pocos oficios dan tantas posibilidades de elegir, de amar o de odiar.

Pero lo que nadie dura es que han ganado una batalla, la de la palabra y la del anecdotario. No hay antitaurino que sea capaz de hablar sin utilizar de vez en cuando la terminología taurina, que no acabe entrando a matar a esta llamada fiesta.

Y jamás le falta una anécdota que ilustre cualquier situación. Sin ir más lejos, mientras pensaba qué texto poner a la atractiva fotografía de Mauri (otro antitaurino incapaz de sustraerse a las sugestivas imágenes de una corrida), en un bar de la entrada de La Cabrera, se produce esta conversación. En la televisión hablan de Esperanza Aguirre y su delirio anti Carmena.

- Pero ¿cómo hemos podido llegar a esto?

- Degenerando, degenerando.

Le preguntó al que respondió si conoce la anécdota de Belmonte. «Algo he oído, de un Gobernador».

Belmonte —amigo de Hemingway o Valle Inclán, de la pandilla infantil del anarquista Ángel Pestaña— acudió a los toros en Huelva. Presidía, como es habitual, el gobernador Joaquín Miranda, que había sido banderillero en la cuadrilla del mito, al que llamaban El Pasmo de Triana.

- Maestro, ¿y cómo se llega de banderillero a gobernador?

- Degenerando, degenerando; le explicó el gran mito del toreo.
Archivado en
Lo más leído