Con el daño que hicieron –ahora no tanto, pero todavía– el CSI y todas aquellas series en las que la policía, americana por supuesto, con un ticket de Ordeñadoras Westfalia que aparecía en una papelera cercana al lugar del suceso que investigaban llegaban a descubrir a un delincuente que viajaba en una moto azul, del año 78, recorriendo la Ruta 66 sin nadie de paquete... pues, decía, con el daño de aquellas series –que llenaron las facultades de Criminología– ya os veo haciendo elucubraciones sobre el radiador del coche al que le ha crecido el césped, alimentado por el calor que despide el motor.
¿Está abandonado el vehículo y le ha crecido la hierba con tanta agua como nos ha enviado el cielo, o quien sea?, ¿ha cogido el dueño un trozo de césped artificial de algún campo municipal y le sirve de alfombra para amortiguar los golpes de las partes del motor que tienen flojos los tornillos?, ¿se ha llevado por delante una de esas rotondas que crecen cada fin de semana y le quedó incrustrada la prueba de su fechoría?...
¿Quién lo sabe? Queda abierto el plazo de las hipótesis criminales, aunque lo más fácil es que al que se haya ido la olla es a mí.