Una extraña palabra

Una extraña palabra

OPINIóN IR

16/12/2020 A A
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Una extraña palabra
Dainos. La primera vez que la oí me pregunté por el origen y significación, pero no me atreví a preguntar. La terminación ‘os’ era como una resonancia del griego clásico; nominativo como ‘odos’, camino; o ‘domus’, casa... y otros tantos. Pensé que algo tenía que ver con la religión porque, cuando más se escuchaba, era al llegar la Semana Santa. De misa no podía ser porque las únicas palabras en griego de la misa eran el ‘Kyrie Eleison’ y el resto en latín.

Cuando ya llevaba cierto tiempo en León, algo me iluminó y, espontáneamente, lo entendí. Me sentí algo ridículo, porque ésta era la forma de hablar de mis abuelos en Luna y Omaña. Era una palabra de resonancia arcaica, ancestral como el idioma del Viejo Reino de León: ‘Dainos...’ Danos señor, una buena muerte. Una plegaria, una súplica, un anhelo. Y, de ahí, el nombre del Cristo del que se imploraba esta gracia.

Cuando la muerte rondaba, se desencadenaba un complejo ritual que afectaba al moribundo y sus deudos. Lo primero era el ‘viático’ y la imposición de los óleos o ‘extrema unción’. Si la cosa seguía su curso, fallecimiento, velorio y llantos (más o menos sentidos). Funeral, responso y, finalmente, RIP o el DEP que es lo mismo,‘el descanso eterno’. Que casualmente es el título de una novela negra de Dashiell Hammett (perdón por el inciso). Ya solo queda el adiós y el entierro. El colofón era el banquete que se celebraba una vez que cada cual ocupaba su sitio. El muerto al hoyo y el vivo al bollo. Un dicho algo zafio; pero así se decía.

Así era hasta hace unos meses, pero todo se ha pervertido. No hay despedida, no hay lamentos, ni flores. Son seres sin nombre ni apellidos que, un día, desaparecen sin más. Sin pena ni gloria. Padres, hijos, abuelos cuya memoria no será histórica, sino un tenue recuerdo. Una cifra, una estadística o un éxito para el equipo Sánchez.

En este estado de cosas, resulta indigno que Sánchez-Iglesias, planteen una ley de eutanasia. ‘Eu-thánathos’, buena muerte. La que rogamos al ‘Dainos’.

Una oportunidad que el gobierno no desaprovechará. ¿No era Iglesias el responsable de las residencias de ancianos? Casualmente –¿casualmente?– entre estas paredes se produjo la más alta mortandad, considerando a los viejos como casos perdidos, que ya «habían vivido bastante». Así lo dijo el de Podemos, como una gracieta. Aquí se efectuaron los ensayos previos de eutanasia, cuando –ante la excusa de falta de recursos y otros cuentos– se apartaba a los ‘justos’: que sobrevivirían, de los ‘condenos’: que morirían sin remisión. Como un dantesco dantesco Juicio Final.

Nadie como César Vallejo, podría reflejar el drama en que nos han involucrado estos politicastros: Son «los Heraldos Negros que nos manda la muerte».
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