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Una apuesta fallida

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28/01/2016 A A
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Una apuesta fallida
La Junta de Castilla y León hizo una apuesta fallida hace 30 años: concentrar la actividad económica de la autonomía en Valladolid. Y hoy sabemos que ha sido un desacierto por los resultados en empleo y población, que se encuentran entre los peores de España. Al principio pensé aportar para esta columna datos numéricos, pero me voy a permitir que en esta ocasión los omita para no atiborrar de cifras el texto. Pero si se tratase de los resultados de una empresa, la dirección sería inmediatamente sustituida.

La autonomía es la que más población perdió en el último año de las 17. El área metropolitana de Valladolid sufre una pérdida de población llamativa. La capacidad de creación de empleo de la provincia pucelana es la peor de todas las sedes autonómicas multiprovinciales. Además, entre las provincias con peor comportamiento nacional en la evolución del empleo están León, Zamora, Salamanca, Ávila y Palencia. No hay ninguna provincia de las restantes entre las primeras del país.

En términos de distribución de la población, la mayor parte del territorio se clasifica como desierto poblacional (por debajo de 8 habs/km cuadrado). Las ciudades intermedias también pierden mayoritariamente población. Y es que el proceso de descapitalización industrial en favor de Valladolid se ha traducido en una degradación general a la vez que la capital del Pisuerga no era capaz de lanzar nueva actividad.

Hay territorios que por sus características físicas o humanas son poco dinámicos. En ese caso una política de promoción económica que busque retornos abundantes y nueva actividad inducida no puede centrarse en estos lugares. La Junta de Castilla y León hizo justamente lo contrario: centrar la inversión en Valladolid, que siempre creció gracias al soporte de los fondos públicos (polo de desarrollo, industria del automóvil, nuevos barrios en el desarrollismo…). El resultado se ve ahora: devastación demográfica. Los datos son demoledores.

Pero, ¿qué hacer en este momento de auténtica alarma? Lo lógico sería cambiar radicalmente la política de concentración de las inversiones. Esta autonomía ha estado cubriendo las apariencias durante años con planes para todo el territorio, pero la actividad pública siempre termina con una subvención ventajosa en Valladolid. Hay que territorializar el presupuesto en las provincias, y dejar de manejarlas como cortijos. Mientras las provincias no tengan capacidad autónoma de decisión y gasto, quedarán pocas esperanzas. El modelo uniprovincial es el que ha demostrado su éxito económico en la España democrática por encima de cualquier otro.
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