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Un San Froilán sin flores, ni pendones, ni carros, ni gaitas

Un San Froilán sin flores, ni pendones, ni carros, ni gaitas

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Ical | 05/10/2020 A A
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Un San Froilán sin flores, ni pendones, ni carros, ni gaitas
Sociedad La tradicional romería no se celebra debido a la pandemia
La fiesta local de León, San Froilán, que honra al patrono principal de la Diócesis quedó este lunes reducida a la misa estacional presidida a mediodía por el obispo Julián López en lugar de la que tradicionalmente se celebra en horario vespertino. La tradicional romería que acerca cada año a miles de personas a la Basílica de La Virgen del Camino para asistir a la solemne celebración del santo lucense fue suspendida por la pandemia y la festividad más tradicional de los leoneses quedó este año reducida a un fresco y soleado lunes de otoño.

Ni flores, ni pendones, ni carros engalanados, ni el triple toque a la nariz del patrón como manda la costumbre, ni las típicas avellanas acompañadas de otros productos de la tierra. El coronavirus obligó a las instituciones implicadas a tomar de la decisión de desconvocar la multitudinaria cita religiosa y lúdica en una jornada que concluirá con el inicio de las restricciones impuestas por la Junta tras el crecimiento de los contagios en la capital.

El patrono principal de la Diócesis de León nació en los arrabales de Lugo en el año 833 y a los 18 años dejó la casa de sus padres para emprender vida de ermitaño, inicialmente en el Bierzo y más adelante en las montañas leonesas del Curueño. Impulsó el desarrollo de la vida monástica con iniciativas como la fundación en tierras zamoranas de los Monasterio de Tábara y Moreruela de Tábara, donde desempeñó el oficio de abad.

En el año 900, vacante la sede episcopal legionense, el pueblo de León pidió al Rey Alfonso III que le concediese por obispo al abad Froilán y en el día de Pentecostés de ese año 900 Froilán fue ordenado. En 905, tras un fecundo lustro de ejercicio episcopal, con dedicación especial a la reforma de los sacerdotes, monjas y seglares, falleció y fue enterrado en la catedral y en 916 sus reliquias, por orden del Rey Ordoño II, fueron trasladas a la nueva seo (parte de ellas descasan a día de hoy bajo el altar mayor del primer templo diocesano).
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