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Purple Weekend

Purple Weekend

OPINIóN IR

21/11/2021 A A
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Purple Weekend
El mercadillo del Abella, la pateada hasta la Tropicana, el greñas de los Chesterfield Kings violentando el equipo de sonido en el hall de Económicas, las japonesas maqueadísimas en los ‘allnighters’, los conciertos en la carpa de la Junta en septiembre (y ver allí a un jovencísimo Xoel López con la Elephant Band), los mods nazis (haberlos, húbolos) que te lanzaban miradas asesinas por ser otro greñas mientras bailaban ‘northern soul’, los Lori Meyers en el Hispánico, aquella última actuación de Los Flechazos en el pabellón del Polígono X, la ristra de nombres que ibas apuntando en tu CV de conciertos (The Troggs, The Remains, Pretty Things, The Creation, The Box Tops) sin apenas salir de tu barrio, sentirse parte de algo no muy grande pero sí muy especial donde la música se vivía con una intensidad diferente…

Después de tanto tiempo, los recuerdos del Purple Weekend bloquean, apelotonados, el portal de tu memoria, como los microbios que quieren entrar en el cuerpo del Señor Burns en ‘Los Simpson’. Da igual en los conciertos que haya estado uno, dan igual los gustos e incluso las aparentes fobias ante las tribus urbanas: a lo largo de más de 30 años el Purple ha ido conformando de manera única nuestra personalidad musical.

Es verdad que la ciudad ha vivido más o menos de espaldas al festival. Había veces que salías por un Húmedo petadísimo de peña que no tenía la más mínima intención de ir a ninguna de las citas de la programación y luego en éstas te encontrabas a los cuatro aborígenes de siempre entre una marabunta de foráneos emocionadísimos por estar aquí. Pero incluso eso forma parte de su encanto.

El Purple ha ido mutando durante este tiempo. El purismo ‘sixtie’ (en realidad nunca fue tal y desde el comienzo flotó en el aire un agradable espíritu bastardo) ha ido dejando paso a otros espacios. Así, en la edición que arranca en dos semanas tras el obligado parón pandémico del año pasado convive el pop español del cambio de siglo (Chucho) con la actualización del ‘garage’ y la psicodelia de aquí (Biznaga, Los Estanques), el ‘revival’ de aquel otro ‘revival’ de los 80 (Fay Hallam) y el ye-yé infantil (Petit Pop). Habrá tradicional procesión de ‘scooters’, ‘alldayers’, desfile de moda y, sobre todo, un lugar especial para quien comenzó todo esto: se presentará el documental de Conrado Martín ‘Sueños de nuestra juventud’, sobre Los Flechazos; tocará el grupo del bajista de estos (Héctor Escobar, acompañado del propio Martín); y volverá –en su faceta de DJ– el artífice del tinglado: Alex Cooper.
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