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Nayu, el hombre que está detrás del ganadero

Nayu, el hombre que está detrás del ganadero

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Nayu en su explotación ganadera de Ranedo de Curueño. | MAURICIO PEÑA Ampliar imagen Nayu en su explotación ganadera de Ranedo de Curueño. | MAURICIO PEÑA
Fulgencio Fernández | 24/02/2020 A A
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Nayu, el hombre que está detrás del ganadero
Campo José Ignacio Álvarez Sierra lo aguantó todo para seguir siendo ganadero; tiró la leche, perdió dinero por trabajar... pero la multa de 38.801 euros por una vaca que le atropelló el tren ya le superan y supondría el abandono
La historia es muy sencilla. Un ganadero contra viento y marea en Ranedo de Curueño, José Ignacio Álvarez Sierra, lo ha soportado todo: tener que tirar la leche, miles de litros, porque la empresa que se la compraba un día le dijo: «No me interesa». Y se acabó. A tirarla.

Y a protestar al maestro armero.

Y Nayu, que así le llaman en su pueblo, aguantó.

En una situación así, tirando la leche a la cuneta, cualquier precio es mejor y siempre aparece quien te la compra, por debajo de costes, a veinte céntimos. «Mejor que tirarla».

Ya perdía menos dinero... pero perdía. Pidió un crédito para poder comprar pienso, arrancar el tractor...

Y Nayu, que así le llaman en su pueblo, aguantó también este segundo golpe a su trabajo, porque José Ignacio es ganadero por vocación, porque es lo que le gusta, lo que siempre ha querido. En su familia hay otros hermanos que se dedican a la construcción pero él siempre quiso ser ganadero, de vacas de leche, como siempre había visto en su casa en Ranedo.

Y parecía que se iba viendo la luz en un túnel de cuatro años de mucha oscuridad... cuando llegó el tren de la Feve. Era el 24 de julio. Una de las más de cien vacas que Nayu tenía pastando se saltó el cierre que el propio ganadero había hecho y estaba cerca de las vías. Llegó el tren, la golpeó «más bien la raspó pues no la llegó a matar», y siguió su camino sin ningún contratiempo, vació como iba, sin ningún pasajero. Aquel incidente que a Nayu le supuso vender la vaca a bajo coste porque se había lesionado su columna era el inicio de una pesadilla que dejaba en anécdota los de tirar la leche, trabajar para perder dinero...

Tanto que José Ignacio Álvarez Sierra es contundente en su diagnóstico: «Esta multa no me mata... me remata». Lo que llama la multa es una ‘carta’ de la Delegación del Gobierno en Castilla y León imponiéndole una sanción de 38.001 euros, derivada de aquel atropello hacía unos meses, aquel en el que el tren no llegó a parar, no perdió ni cinco minutos, no iba ningún pasajero, ni siquiera murió la vaca...

No se lo podía creer y miraba una y otra vez la cantidad, 38.001 euros. No entendía nada pues tan solo unas semanas antes le había llegado otra multa, por falta leve, instruida por la Agencia Estatal de Seguridad Ferroviaria, de 800 euros —y que Nayu pagó en el plazo que le daban, creyendo que hasta ahí llegaba el incidente, «800 euros ya son dinero», reflexiona. Pero la nueva carta, que ya eleva la calificación a grave, es un mazazo que no puede asumir: «Tendré que cerrar la explotación, y encima parece que me hacen un favor diciendo que la multa podría llegar a ser de hasta 380.000 euros». O hasta 38 millones, qué más da.

Y el bueno de Nayu no deja de hacerse preguntas, y créanme que este calificativo de bueno no es un recurso ni un regalo, lo sabe todo el mundo en la comarca, lo se de primera mano pues conocí a este ganadero cuando era un joven practicante de la lucha leonesa que se quería abrir camino en los aluches y en pocos lugares se percibe la nobleza con más nitidez que en la hierba de un corro. Y a Nayu le sobraba todo, nobleza, deportividad y excelente carácter, con una sonrisa ante la caída.

Se hace muchas preguntas José Ignacio, cosas que no entiende::«Primero calificaron de falta leve, ahora es grave; unos dicen una fecha, otros otra; primero eran 800 euros y ahora 38.000, es la ruina; y si en vez de ser una vaca mía es un jabalí;¿cómo garantizas que una vaca no se salte un cercado que a veces pasa gente, lo abre y lo deja sin cerrar otra vez?, ponen un cartel de cuidado con el tren, ¿tendremos que enseñar a las vacas a leer? si en las autovías protege la carretera la empresa que la explota ¿del tren las tenemos que proteger nosotros? ...».

Y en ese momento de hablar sobre quién protege las vías se detiene y sonríe porque resulta que Álvarez Sierra sí trabajó de manera altruista para la Feve pues el propio ganadero pidió permiso a esta empresa para cercar las inmediaciones de la vía, para proteger a animales y personas, y colocó un cierre con tres alambres de kilómetro y medio de longitud, un trabajo que nadie le paga, que le costó dinero y trabajo y que es un antecedente que parece importar muy poco a los responsables de Feve, a la Agencia Estatal de Seguridad Ferroviaria o la Delegación del Gobierno en Castilla y León... Tal vez sea una estrategia, en vez de cobrar los billetes, tarea que desprecian con frecuencia, salvan la viabilidad de la empresa a base de multas como la de Álvarez Sierra.

El sindicato Asaja, al que está afiliado, y muchos vecinos de la comarca, donde Nayu es uno de los tipos más queridos, se están movilizando para que no se consume lo que ellos llaman «el verdadero atropello de este caso, el que quiere perpetrar la Delegación del Gobierno contra José Ignacio».

Tampoco se lo acaban de creer aquellos que le conocieron en los corros de lucha, una etapa que Nayu recuerda con mucho cariño pero que tuvo que abandonar joven por una lesión en los huesos de la muñeca, más complicada para la ganadería que para la lucha. Tasio, uno de sus rivales, le recuerda bien: «Metió cierto miedo al llegar, tenía mucha fuerza, pero le faltaba picardía... y la lesión. Nayu guarda los recortes de aquellos años, las fotos en las que aparecía en los periódicos, los amigos que hizo...

Y Nayu se hace la pregunta inevitable en estos tiempos de discursos sobre la España vaciada: «¿Así pretenden que nos quedemos a vivir en los pueblos? Yo he hecho todo lo posible por quedarme y la realidad es que me echan».

Él es la mejor definición de cuando se habla de vaciada, olvidada, despreciada... añada puteada ¿Quién habrá firmado lo de los 38.001 euros?

El delegado dixit.
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