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La familia unida

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11/02/2018 A A
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La familia unida
La BBC informó sobre la diferencia entre lo que cobran los hombres y las mujeres que trabajan en la BBC y, a esta hora, la Tierra sigue girando sobre su órbita. No fue una cobertura cualquiera, sino un debate en toda regla, en directo, durante el que algunas de las periodistas criticaron la desvergüenza de los directivos de la cadena pública británica por haber generado esa brecha salarial y haber perdido con ello buena parte de su credibilidad. La única forma de recuperar esa credibilidad era, precisamente, emitir las críticas tanto internas como externas, y no los gestos para la galería que vinieron después: los presentadores estrella se bajaron los sueldos en solidaridad con sus compañeras (dirán que no sabían hasta entonces que cobraban más, claro) y la cadena pidió un informe externo e independiente que, como todos los informes externos e independientes, dan la razón a quien los pide. En la cadena pública española, mientras tanto, no debe de haber ninguna desigualdad entre los salarios de los hombres y las mujeres, porque el telediario sigue resultando obsceno, volcado como está en la recuperación de nuestra economía a través de jubilosos balances, peligrosos independentistas, dignos constitucionalistas, la extraordinaria novedad de que nieve en invierno, cristianos, piqués y, sobre todo, las estrellas de la nueva edición de Operación Triunfo, que llenan de ilusión los hogares españoles como la versión moderna de los payasos de la tele. «No hay nada más lindo que la familia unida, atada por los lazos del amor», cantaba Fofito a los niños en los setenta, momento a partir de cual empezaron a desestructurarse las familias, las cajas de ahorro y los montes de piedad. Tampoco ninguna periodista de TVE ha salido al escaparate de las redes sociales a denunciar que no le dejan denunciar en el telediario su situación laboral, de lo que se entiende que no hay diferencias de salario por cuestión de género... o lo que es peor: miedo a las posibles represalias. Pero, como el telediario, las redes sociales se han visto cubiertas esta semana por una intensa nevada y por una nueva generación de triunfitos, un negocio completamente digno del que participan con pasión y con todo derecho millones de españoles, pero que resulta sonrojante que encuentre tan privilegiada promoción en los informativos de la cadena pública estatal. Para los que los aborrecemos, porque estamos en contra de todo, dirán, aún nos quedan motivos para la esperanza al saber que el sistema de sonido se estropeó en la gala final justo a tiempo para que no pudiera cantar Bisbal. Hay averías que te reconcilian con el destino. Eso y lo bien que siguen envejeciendo las letras de Ilegales: «Jóvenes cantantes hacen el ridículo en viejos festivales». No se puede decir lo mismo, por ejemplo, de las letras de Fofito («¿dónde estabais, payasos?», le gritaba hace poco un amigo completamente borracho al recordarlo en YouTube durante una intensa sobremesa) en un país en el que nadie sabe opinar si no es desde un trinchera, en el que hablan más alto los que tienen menos que decir y en el que la lucha por la libertad de expresión, como dijo Escohotado, corre por cuenta de quienes la utilizan para decir sandeces. «No hay nada más lindo que la familia unida, por un cariño puro de cristal. Qué hermoso que es vivir con la seguridad de amar y ser amado de verdad, con la satisfacción de ver la humanidad unida por toda la eternidad». La verdad, es para admirarse de que la Tierra siga, a pesar de todo, girando sobre su órbita.
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