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Esencia leonesa

Esencia leonesa

OPINIóN IR

07/03/2021 A A
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Esencia leonesa
Ojalá ser de Barcelona y que, cuando me preguntasen mi procedencia, dijesen al oír la respuesta: «Ah, mira, como Copito de Nieve». O de Sevilla para que me saliesen con lo de Kiko Rivera. Pero no, dices León y a lo sumo recuerdan a José Luis Rodríguez Zapatero, de quien Rodera dijo en un periódico similar a éste, mucho antes de convertirse en presidente del Gobierno (LOL), en 1998: «Zapatero, político leonés con el que acaba el diccionario de León. Mientras tanto, él está acabando con la intención de voto socialista, con la credibilidad del Partido y, según la lógica inversa de este tipo de agrupaciones, acabará con un cargo de más responsabilidad».

Pero pregúntale a un ‘zennial’ quién es Zapatero, a ver lo que le importa. No digamos ya Durruti, Julio Llamazares, Andrés Trapiello o, incluso, Lydia Valentín. Por eso celebro que la persona del momento en el ‘reality’ ‘La isla de las tentaciones’ (y, por tanto, la persona del momento, a secas) sea una leonesa: Lola. Tengo que reconocer que no he visto ni un programa de esta tercera temporada (bueno, y tampoco de la segunda), pero es que se me acumulan las cosas. Tengo que ponerme en cuanto pueda, palabrita del niño Jesús. Sí que me he visto algún fragmento en vídeo, sobre todo aquel en que aparece morreándose a morir con un maromo mientras su novio ve las imágenes en vídeo y se restriega las manos por la cara. Y ahí, después de todo el ‘filete’, la frase de ella: «Esencia leonesa».

Sí, amigas y amigos, ahí está todo. Ahí se hunden diez siglos de oscuros complots para presentar este pedazo de la Península Ibérica como una depresión en el mapa de la libido y del fuego sexual. Ahí se sitúa en el imaginario de los jóvenes nuestra bella tierra, más que con mil campañas de publicidad hechas con sonrisas de bancos de imágenes. Ojalá pasase aquí lo mismo que contaba el cantante Jarvis Cocker respecto a su ciudad natal, Sheffield: con su grupo, Pulp, hizo una canción, ‘Sheffield Sex City’, en la que pintaba a ese agujero industrial del norte de Inglaterra como una pecaminosa Sodoma y Gomorra, como una isla tropical entregada a los placeres de la carne. Los sofisticados londinenses se lo tomaron al pie de la letra y empezaron a verse en la estación de trenes de la ciudad a cazadores-recolectores del amor, con cara de despistados, sin saber por dónde empezar su tour del fornicio. Confiemos ciegamente en esas dos palabras, «esencia leonesa», para que se nos conozca por algo a lo que no estábamos, en verdad, acostumbrados. Gracias, Lola.
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