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El turno de los ofendidos

El turno de los ofendidos

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23/12/2018 A A
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El turno de los ofendidos
Una de las medidas más nobles que se pueden adoptar para conseguir el éxito de una manifestación es convocarla un domingo por la mañana, que es un momento en el que la gente está especialmente dispuesta a dar la razón. A veces simplemente vale con que se crucen los que salen de misa, los que van a correr y los que han quedado para tomar el vermú y ya parece que están reivindicando algo. Lo entendieron bien los sindicatos bercianos, que el pasado domingo por la mañana convocaron una manifestación bajo el lema ‘Por un futuro para la comarca del Bierzo’ y ni siquiera la lluvia fue capaz de dispersar a la multitud. Más de 20.000 bercianos de todas las edades, de todas las clases sociales, de todos los sectores y de todos los colores políticos se echaron a la calle para gritar que el Bierzo exige una alternativa económica que saben que nunca llegará a ser lo que fue la minería, pero que necesita para paliar la indiscutible depresión de la comarca. Al otro lado del Manzanal se convocó a finales de noviembre una manifestación similar ‘Por el futuro de León’ (como si el futuro a un lado y otro del puerto no fuese exactamente el mismo) en la que participaron muchos leoneses pero que no contó con la misma participación por varios motivos: porque no es la primera vez que los bercianos les dan lecciones de espíritu reivindicativo a los leoneses y, también, porque se celebró un jueves por la tarde y al mismo tiempo que un partido de la selección española de fútbol. En general se nos da muy bien manifestarnos cuando no es contra nadie en concreto. Al final, tanto una manifestación como otra se convirtieron en un batiburrillo en el que cada cual preguntaba por lo suyo aunque fuera al aire y en el que unos y otros se daban la razón aunque sus reclamaciones fueran en realidad contrarias. En cualquier caso, resulta destacable la valentía de los sindicalistas, proponiéndose objetivos tan ambiciosos (aunque los argumentos sean tan contundentes que, más que animar, obligan) y, en alguna ocasión, generándose ciertas tensiones internas. Del mismo modo, resulta ejemplar ver a los habitantes de toda una comarca, independientemente de a qué lado del Manzanal se encuentre, echándose a la calle para luchar juntos por su futuro. Cierto es que, en una provincia como ésta, cuando la gente pasa a convertirse en multitud a uno le toca codearse con quien no le apetece, algo que ocurre en una manifestación o en un bar. Cierto es que hay que tragar, por ejemplo, con que los trabajadores de una cementera se presenten en la protesta vestidos de verde, lo que se puede entender como ironía o directamente como provocación, pero lo que desde luego se entiende es que el futuro de tu tierra está por encima de tus incómodos conocidos y de tus reconocidos enemigos. Por eso, llama la atención la actitud que tomaron ante la convocatoria de manifestación en Ponferrada algunos colectivos que suelen ser los más reivindicativos del Bierzo, entre ellos casi todas las asociaciones ecologistas y un colectivo feminista, a los que parece que sólo les interesa la reivindicación si la protagonizan ellos. Son básicamente los que quieren luchar por la salud de los bercianos y les piden constantemente que despierten, aunque por lo visto tiene que ser a la hora que ellos digan, los mismos que lamentan que sus convocatorias no resulten tan multitudinarias. Por supuesto, mandaron un comunicado (que es una de sus grandes pasiones) dando explicaciones que nadie les había pedido por su ausencia, argumentando razones en muchos casos cargadas de razón, pero al final resulta inevitable que quienes ellos quieren que se movilicen cuando tocan a rebato se queden con la sensación de que, en realidad, sólo les interesa su propio discurso.
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