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Cuestión de afecto

Cuestión de afecto

OPINIóN IR

17/03/2021 A A
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Cuestión de afecto
Una crisis lleva a otra crisis. Así se vive en España lo que, llanamente se dice, como «saltar de la sartén, para caer en las brasas».

Este término tan manido, deriva del griego clásico ‘kritein’ y su significado es «juzgar, evaluar, considerar». Ante la crisis, deberían adoptarse medidas, resoluciones, para salir de la situación y volver a la normalidad. En sentido contrario, tenemos el ejemplo de Rajoy, cuyo principio era dejar que las cosas se pudrieran, porque «el tiempo todo lo arregla». Y, a lo mejor es verdad, porque, con el tiempo, nos libramos de sus gobiernos. Y de momento, de Pablo Iglesias. La suerte nos sonríe.

Los espasmos, rabietas e improperios, no son buenos consejeros para el gobierno de una colectividad. Ni siquiera para una comunidad de vecinos. Algo imposible para el dueño del casoplón de Galapagar pues, militarizar el pueblo, no es el mejor camino para granjearse el afecto de sus vecinos.

Como no podría ser de otro modo, el de Podemos salió de malos modos. Buen momento para que Espinosa le dijera: ¡Cierra la puerta al salir! Tal como él se lo espetó, lleno de soberbia. Pero hay gente con más categoría y menos inquina.

El caso es que, en tiempo, relativamente corto, Ayuso logró su primer éxito: librarnos de Pablo Iglesias, que dio la espantada, antes de que Sánchez –es posible– le diera la patada, como se la dieron en Asturias, este verano.

Deja tras sí un halo pestilente de insultos, amenazas, turbiedad, causas blindadas que no han llegado a juicio y algún teléfono móvil… Peor ha sido el abandono de los ancianos, cuando era el único responsable de la atención a los geriátricos, de la que luego, en vista de la debacle, se zafó.

En detrimento –cual venganza de Moctezuma– nos deja a su esposa, repartiendo el dinero de nuestros impuestos «a tontas y a locas». Es un dicho popular –aclaro– sin intención alguna.

La partida del ex vicepresidente es un asunto grave, que requiere explicación, pero no puede calificarse de crisis –como se llamaría en cualquier gobierno normal– si no de alivio fortuito. Se obvia esta crisis, pero quedan otras: los mismos ministros inútiles o malvados y los peores amigos, separatistas y terroristas, que atentan contra las instituciones del Estado. El peligro, sigue como el Péndulo de E.A. Poe, sobre nuestras cabezas.

Una vez en la calle, que fue su medio natural, el de Podemos, para salvar su pellejo, pone la vista sobre la formación Más Madrid, de Manuela Carmena y Errejón, que guardan las llaves de paso o de cierre, según se mire. No sé qué uso que les darán. Aunque, de momento, parece que no se fían.

Bien sabe Iñigo que, el ladino, con tal de seguir viviendo del cuento, sería capaz de arrojarse a los ‘brazos de la mujer madura’ –Stephen Vizcinzey– y privarle de la seguridad, el confort y el afecto que se ha ganado. El no lo entenderá nunca pero, aparte de política, están también los afectos.
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