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Ciento tres años y conduciendo

CULTURASIR

Francisco se prepara para subir a su R-18 en Cistierna y regresar a Crémenes, después de comprar unos pasteles para su 103 cumpleaños. | MAURICIO PEÑA Ampliar imagen Francisco se prepara para subir a su R-18 en Cistierna y regresar a Crémenes, después de comprar unos pasteles para su 103 cumpleaños. | MAURICIO PEÑA
Fulgencio Fernández | 10/02/2019 A A
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Ciento tres años y conduciendo
LNC Domingo Francisco Valbuena coge cada día su Renault 18, conduce desde Crémenes hasta Cistierna o Riaño. Tiene carnet desde 1935 y jamás ha dado un parte, dice con orgullo que tiene todos los puntos y ninguna multa importante, cosas menores. En octubre lo renueva
El 7 de febrero Francisco Valbuena cumplía 103 años aunque nada especial parecía el día en la vida de este centenario de Crémenes, antiguo alcalde, dueño de la fábrica de madreñas... Se levantó a una hora prudencial, recogió los periódicos que cada mañana le lleva Ángel desde la librería Eroa de Cistierna y a las diez y media sale a la calle, mira el cielo y saca del garaje su histórico Renault 18 para su rutina habitual: Bajar hasta Cistierna (él solo, conduciendo, por supuesto), aparcar cerca de la plaza, ir a la confitería Montañés, tomar café, después hacer la compra en un supermercado y regresar a casa. Algo delata el día especial, compra unos pasteles.

- ¿Qué tal el día?
- Como todos. O no, tengo mal día.
- Pero hoy hace 103 años.
- Ya, ¿y qué? 103.

En su camino se detiene ante las esquelas, hay cuatro, son muchas, una de uno vecino de Yugueros bastante joven. «La gente se muere, claro». Y sigue.

Es un tipo de carácter. Si no tiene ganas... no las tiene. Pero avanza la conversación y se va mostrando más afable, conversador, informado... «Leo todos los días varios periódicos y eso que esto que pasa ahora no hay quien lo entienda. O sí», reflexiona con un gesto de incredulidad.

- ¿De qué periódico sois?
- De La Nueva Crónica.
- Viene con el ABC, los leo los dos, habéis mejorado.
- ¿Y el ABC?
- Me gusta. Es de toda la vida, como yo.  
- Veo que sigue conduciendo.
- Pues claro, ¿cómo voy a ir a Cistierna o a Riaño? que me gusta ir, ahora con nieve a Riaño menos.
- ¿A León?
- Si hace falta se va, no hay problema, pero ya no me gusta, bajar de Vidanes para allá me cansa. A Madrid fui muchas veces, pero a eso ya no me atrevo.
- Atravesar Madrid...
- Es fácil,  hay que tener cabeza. Si quieres venir para León pues esperas a que pase un camión matrícula de Coruña o de Orense, te pones detrás de él y hasta que te deje en la autopista. Saber ir detrás es fundamental; hoy mismo, con la niebla que había y algunos se ponen a adelantar, la cabeza no les da para más y pasa lo que pasa.
- ¿Tiene todos los puntos?
- Pues claro que sí, todos; no me han puesto ni multas, una por el cinturón, que ni había salido a la carretera, y poco más.
- ¿Y desde cuándo lleva conduciendo?
- Toda la vida. Seguramente tenga el carnet de conducir más antiguo de España, es de 1935, no creo que las haya anteriores y además que siga conduciendo.
- ¿Hasta cuándo?
- Hasta que no me maneje, no me van a quitar el carnet, el día que no me vea yo con capacidad me bajo del coche y se acabó, que todo se acaba.
- ¿Hasta cuándo tiene el carnet?
- Hasta octubre.
- ¿Lo va a renovar?
- Creo que sí, habrá que renovarlo, el coche me hace falta.
- ¿Por cuánto tiempo se lo renuevan?
- Por un año, que no lo entiendo, si hago las cosas bien.

Genio y figura. Ha hecho muchos miles de kilómetros desde aquel primer coche que nunca ha olvidado, «era un Chevrolet de seis cilindros que era de mi padre y me lo pasó, y después siempre al volante, los coches propios, los camiones de la empresa, las furgonetas... todo».

La empresa es una de las más recordadas de la comarca, la fábrica de madreñas que durante muchos años tuvo en la carretera de Argovejo, en la que llegó a tener 12 empleados, todos de la comarca, y con la que tiene una pena que no oculta. «Cerramos la fábrica y la desmantelaron por completo, una pena. Aquella fábrica tenía que haber sido un museo de las madreñas y su fabricación, que ya no hay ninguna en la provincia y parece que no existimos».

- ¿Qué acabó con las madreñas?
- La vida. Cuando se asfaltaron las calles de todos los pueblos las madreñas perdieron buena parte de su razón de ser, porque lo mejor de las madreñas es cómo evitaban la humedad, el barro... no había nada mejor.

Antes de la fábrica también explotaron minas, en la familia. «Tuve que volver después de la Guerra, que era alferez provisional, para hacerme cargo de los negocios. Y dejar la carrera, que estudiaba Perito Mercantil, pero hacía falta aquí y aquí me quedé, que no me quejo».

- ¿Fue alcalde?
- Sí, alcalde franquista como dicen ahora con desprecio, yo fui cuando me lo pidieron, perdí mucho dinero y horas de trabajo y lo dejé pronto.

Ha citado la guerra, una de esas etapas amargas cuyo recuerdo le hace mirar la actualidad con otros ojos. Estuvo en el frente, en Teruel, y allí vio la muerte de cerca. «Te voy a contar una cosa, a mí me salvó la vida la Virgen del Carmen, el 4 de mayo de 1938. Estaba en el frente y sentí cómo me cogía la mano y tiraba de mí. Yo tiré de otro mando, que estaba al lado, y a los pocos segundos cayó una bomba allí donde estábamos, no quedó nadie vivo. Ya sé que mucha gente se ríe de estas cosas, que se rían, yo sé lo que sentí. Allá ellos».

Y en su gesto ves que es cierto que él sintió cómo la Virgen tiraba de él. Qué gusto hablar con un tipo tan sincero y con tanto vivido después de que rompe el cascarón amargo de preguntarse «¿a qué vendrán?».
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