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Cecilia Orueta: "Colonizaron, se fueron y lo dejaron todo tirado"

Cecilia Orueta: "Colonizaron, se fueron y lo dejaron todo tirado"

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Fulgencio Fernández | 03/07/2020 A A
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Cecilia Orueta: "Colonizaron, se fueron y lo dejaron todo tirado"
Fotografía ‘The end’ era el fin de las viejas películas, el momento de irse. Es el mismo título que la fotógrafa madrileña Cecilia Orueta le ha puesto a la muestra sobre el fin de la minería que este viernes inaugura (12 horas) en el MSM de Sabero
Cecilia Orueta veía en su Madrid natal a los carboneros descargar camionetas de carbón para las calefacciones y «ni tan siquiera me preguntaba de dónde venía aquel carbón, quién lo arrancaba. Casi me da vergüenza decirlo pero era así».

A la madrileña Cecilia Orueta sí le llamó la atención aquella marcha de mineros desde Villablino, caminando a pie, abriendo los telediarios, siendo recibidos como héroes. «Soy una advenediza pues mí único acercamiento a los mineros había sido aquella famosa Marcha Negra de 1992. Despertó mi interés y posteriormente recorrí con Julio (Llamazares) la cuenca de Sabero pues había leído ‘Escenas de cine mudo’ y de alguna manera todo cambió, aquello me sensibilizó y me quedó esa semilla, ese gusanillo».

Orueta utilizaba la fotografía en su trabajo de restauradora de arte y éste género la fue atrapando hasta decidir dedicarse a la fotografía con intensidad y la pasión que ella le pone a la vida. Aquella semilla de la mina reaparece, se asoma... «Es que una parte importante de mi trabajo es, por así decirlo, el fin, el fin de las cosas, el final de determinadas formas de vivir. Y la minería encaraba precisamente su final y cuando éste se hizo inevitable pensé que ahora o nunca… y fue ahora».

Muchos meses recorriendo las cuencas mineras de León, acompañada siempre de Mar Astiárraga. «Ella ha sido fundamental en este trabajo. iba escribiendo un diario minucioso de todo lo que iba ocurriendo y así yo me podía dedicar a fotografiar sin perder el hilo con nada, prestar atención a todo y escuchar a quien me acompañaba, que generalmente eran antiguos mineros que habían trabajado en los lugares que iba fotografiando». Trabajadores con los que Cecilia Orueta conectó muy bien, aprendió, escuchó historias. «Creo que la mayor parte de los mineros necesitaban hablar de su oficio, de su vida, y resultaba muy fácil tirar del hilo, se creaba muy buen rollo entre nosotros, hasta el punto de que creo que en el sentido de comunicación con la gente y de cariño es mi reportaje más bonito».

- ¿Qué sentías al escucharlos?
- Podría decir que un enorme respeto y es verdad, pero no me gusta esta palabra. Diría mejor emoción, una profunda emoción mezclada con admiración y cercanía.
- ¿Y cómo reaccionabas?
- He puesto todo lo que tengo, sin duda, me he volcado en este trabajo. He fotografiado a mucha gente aunque no todos han salido bien, esto es fotografía, pero me volqué en contar una parte pequeña de lo que he visto, relatar de una manera muy personal lo que pude ver.
- Y de todas esas historias, ¿alguna que te sorprendiera más?
- Muchas, casi todas, pero es cierto que me impresionó mucho una mujer, berciana, Beatriz Melcón, es increíble, impresionante. Su biografía resume la minería, la guerra, la niñez, la represión… tal vez una historia de tanta gente mayor pero escuchársela a ella, con su fuerza, uf.

Entre lo que Orueta pudo ver hay muchos restos del naufragio: pozos sin mineros, jaulas abandonadas, edificios olvidados, las butacas del cine vacío, el cartel de una histórica discoteca que ya se le borran y caen las letras… «Es evidente que hablamos de un paisaje desolador, pero quiero echar mano de mi carácter optimista y hablar también de que he visto signos de esperanza, sí he podido ver algunas iniciativas muy interesantes y desde que he terminado el trabajo sigo con más interés las noticias relacionadas con las comarcas mineras y también en ellas parece haber alguna esperanza... soy consciente de que alguna esperanza en un paisaje desolador, pero quiero ser optimista».

El abandono no solo ha llegado a los pozos o a los viejos cines, en valles como el de Sabero, donde las minas han cerrado hace 30 años, también ha desaparecido buena parte de aquella población. «Muchas veces loo comparé con mis recuerdos al recorrer el valle con Julio, estuvimos incluso en la vieja ferrería que hoy es museo y la sensación general, válida ahora para las otras cuencas, es que han vivido una especie de colonización, del paisaje y de las vidas, y al llegar al final de esa colonización, de esa forma de vida, ha dejado de interesar se han ido dejando todo abandonado, sin el más mínimo respeto por las tierras y las gentes». Como bien se puede leer en una vagoneta abandonada: «Fin». Y, añade Cecilia Orueta: «Conocer las consecuencias sentimentales, económicas y paisajísticas me hace verlo todo de una manera diferente incluso a cómo lo imaginaba. De cerca compruebas que es todo mucho más grave de lo que imaginabas. Es como cuando te hablan de un enfermo grave e imaginas muchas cosas, pero cuando te toca vivirlo, ver cómo influye en la vida, en la familia, entiendes que era mucho peor de lo que imaginabas».

Con lo que se muestra encantada Orueta es con el espacio en el que va a exponer, el MSM, aquella vieja Ferrería de San Blas que conoció antes de ser museo. «Todo es muy agradable aquí, el trabajo de Roberto Fernández siendo capaz de recuperar un lugar emblemático y reconvertirlo, la parte sentimental de lo que ha sido el lugar e, incluso, lo que ha sido para mí, los recuerdos de cuando recorrí el valle y con quien lo recorrí».

The End.
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