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Campos vivos

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OPINIóN IR

13/11/2015 A A
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Campos vivos
La química se impuso a la biología, la fumigación, a la prevención. Sólo en el año 2014 se vertieron cien mil toneladas de pesticidas en nuestro país. ¡Sí, cien mil! Según la ECPA (European Crop Protection) España es uno de los mayores consumidores europeos de insecticidas, fungicidas y herbicidas. No haría falta consultar la estadística para darse cuenta que aquí se abusa de productos como el ‘roundup’ (glifosato). Aquí se fumigan indiscriminadamente cunetas, jardines, huertas y cultivos para mantener a raya a las ‘malas hierbas’. ¡El ‘roundup’ es más popular que la Coca-Cola! Compuestos químicos como el glifosato, que España se ha autorizado en 125 productos comerciales, se han convertido en los principales ‘mantenedores’ del territorio. Los campos vivos son cada vez más escasos en nuestra geografía.

Todo este manejo indiscriminado de productos contra la vida se hace sin la más mínima idea de su peligrosidad potencial. Distintos reglamentos europeos advierten que «la utilización de plaguicidas, que puede tener efectos perjudiciales sobre el medio ambiente o derivar en la presencia de residuos en los productos agrícolas, ha de estar muy restringida». La garrafa de ‘roundup’ se ha convertido en la más imprescindible herramienta para ‘cuidar’ nuestros campos. Aunque la polémica no está resuelta se están encontrado cada vez más evidencias científicas que demuestran que el glifosato tiene un impacto perjudicial sobre los organismos acuáticos, sobre el descenso en la población de polinizadores o sobre la reducción de la diversidad biológica.

Como suele ocurrir, lo que afecta a la vida de nuestros campos acaba afectándonos a nosotros mismos. En marzo de 2015 la Agencia para la Investigación sobre el Cáncer (IARC, por sus siglas en inglés), dependiente de la Organización Mundial de la Salud (OMS), ha clasificado el glifosato como «probablemente cancerígeno para los seres humanos». Según esta Agencia «esta clasificación se basa en la evidencia limitada en seres humanos pero una fuerte evidencia de que es cancerígeno para los animales. También se sospecha que actúa como un disruptor endocrino y que es tóxico para la reproducción». Aunque aquí parece que a nadie le importa, en otros lugares se lo han tomado muy en serio. Por ejemplo, en el estado de California se etiquetará el glifosato como un producto cancerígeno. Frente a esta ‘lluvia de roundup’ debería concederse prioridad a la aplicación de medidas preventivas de control de las plagas, las enfermedades y las malas hierbas. De esta forma nuestros campos recobrarían su vida y nosotros no la perderíamos.
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