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Bienvenida primavera

Bienvenida primavera

TRIBUNA DE OPINIóN IR

César Pastor Diez | 02/04/2021 A A
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Bienvenida primavera
La primavera ya está aquí y todos mis sentidos se inundan de literatura poética. Ayer cayeron en Tarragona cuatro gotas, pero hoy hace un sol de transparencias meridianas. El cielo está vestido de azul zarco, y desde mis balcones diviso la raya del horizonte donde se juntan cielo y mar, como si esa raya la hubiese trazado Dios con tiralíneas. Cuando contemplo un día así radiante y esplendoroso me acuerdo con nostálgica resignación de la variopinta campiña leonesa, desde el Páramo a la Montaña, y desde Tierra de Campos a la sierra de Ancares, donde aún tienen su paraíso los osos pardos y los lobos, estos últimos, a pesar de su mala prensa, alegran los confines de la montaña, junto a las aves de presa, sobre todo el águila real oteando desde la altura la presencia de conejos, roedores y reptiles que constituyen su menú favorito.

Hoy sería un día fabuloso para recorrer aquellas rutas de mi tierra entre riachuelos, montañas, bosques, valles y pueblecitos esparcidos por las suaves laderas, como en una vieja tarjeta de felicitación navideña (aquellos Christmas que hicieron furor en la década de los años 1950). Y el río brillando como cinta de plata entre los sauces que jalonan su curso y que inclinan sus llorosas ramas hasta besar el agua. Si yo fuera joven y pudiera estar ahí en la campiña leonesa con la chica de mis sueños le recitaría aquellos versos de una vieja zarzuela:

Entre juncos y abrojos
se van los ríos
y detrás de tus ojos
se van los míos.

Mirando la ración de futuro que nos reserve el destino, no quiero ser como el famoso aprendiz de brujo que ordenó a la escoba que manase agua y que hiciese todo el trabajo que a él le había mandado el maestro. Todo ello extraído de un delicioso poema de Goethe llevado a la partitura por Paul Dukas, y al cine de animación por el gran Walt Disney que convirtió a Mickey Mouse en un Merlin redivivo.

El harpa de David se identificó más con la lira de Orfeo y con los versos de Píndaro que con los lirismos y las monsergas de Nerón cantando a la Roma en llamas que él ordenó encender para crear su monumental espectáculo fúnebre. Afortunadamente la cultura griega se difundió rápidamente por todo el Occidente y cuando Roma se expandió por Europa el alma latina ya estaba saturada del espíritu helénico, de manera que si somos hijos de Roma somos nietos de Grecia, patria de la filosofía, de donde salieron gigantescas figuras del pensamiento como Sócrates, Aristóteles, Platón y otros muchos cuyas obras, junto con las de los árabes Averroes y Avicena, fueron los cimientos sobre los cuales se edificó la cultura europea con grandes reflejos en el continente americano.

Es cierto que los primeros filósofos, sobre todo los presocráticos, se enzarzaron en debates bizantinos sobre cuál sería el arjé, es decir, el primer elemento de todas las cosas que componen la realidad. En este sentido es igual decir con Tales de Mileto que todo es agua como decir con Anaxímenes que todo es aire o con Pitágoras que todo es número. El problema surgía al querer explicar cómo de un elemento único podía formarse la pluralidad. Y de ahí nacieron los pluralistas y el pluralismo.

Tales eran las incógnitas con que se enfrentaban nuestros atávicos antepasados, a diferencia de los gravísimos problemas que ahora nos aquejan como la pandemia del virus, el paro laboral, el futuro incierto o las confrontaciones políticas, siendo estas últimas las más destructivas, como estamos viendo últimamente. Alguien los defiende diciendo que de la discusión sale la luz. Pero es cierto que de la discusión salen también las bofetadas, y toda la Historia de España ha sido una continua cadena de bofetadas de unos españoles contra otros. A recordar los versos de Antonio Machado:

Españolito que vienes
al mundo te guarde Dios;
una de las dos Españas
ha de helarte el corazón.

Pero volviendo a los horizontes leoneses, ahora que viene el buen tiempo sería interesante visitar el ramillete de monasterios esparcidos por la provincia, todos con nombres de santos y santas según sean monasterios masculinos o femeninos: San Miguel de las Dueñas, Santa María de Sandoval, etc. Sin embargo pensando en la actual escasez de vocaciones, existe la duda de si todos esos monasterios y conventos siguen en pie poblados de frailes y monjas, novicios y novicias o si ya son muros desiertos como los templos de Angkor devorados por la selva, raídos por la erosión, cristales rotos y rincones cubiertos de telarañas. Parece que la vida contemplativa católica y cristiana en su conjunto han entrado en caída libre a causa de la pandemia antirreligiosa brutal que han conocido los siglos desde el tiempo de las catacumbas.

En cualquier caso la primavera no es tiempo para llorar sino para reír, para cantar al sol bendito que nos ilumina y nos da calor, para contemplar la vida vegetal que renace en la campiña y para recordar nuestra propia y ya lejana juventud.
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