El trabajo del Banco en la actualidad está en estudiar las posibilidades de establecer un convenio con el Consistorio para acondicionar ese espacio y ponerlo a disposición de los 65 solicitantes que hay en la actualidad. Además, el Banco de Tierras quiere reservar un número de parcelas determinado para ponerlas a disposición de asociaciones y colectivos desfavorecidos. Serían una especie de «huertos solidarios» o «comunitarios». Es una idea que ya se ha iniciado con el convenio de colaboración firmado con la Asociación ALFAEM, de Salud Mental, a la que se le ha destinado un huerto «terapéutico-social», según explica Anievas, en Ponferrada. Asprona también trabaja con el Banco de Tierras explotando cuatro viñedos en producción y una plantación de almendros. También una agrupación de ecuatorianos cultiva una parcela con productos de su tierra, que alterna con los de la zona.
El Banco de Tierras inició su camino en 2013, a semejanza de un proyecto similar en Galicia y el resultado, desde el principio, fue encajando a la perfección en la sociedad berciana. En 2013 se adjudicaron 115 parcelas y este año son 222 en el mes de julio.
Eso ha hecho que muchos terrenos salgan del olvido al que estaban sentenciados. Esto ha sido fundamental para recuperar, sobre todo, plantaciones de viñedo viejo, gracias a un convenio con el Consejo Regulador. De todos los usos que se registran en las parcelas adjudicadas, el de viñedo en producción es el más numeroso. Son 256 las parcelas destinadas a este fin, que representan unas 81 hectáreas de viñedo. El primer año se adjudicaron 57 y en 2015 fueron 107. El crecimiento ha sido notable en este uso, mucho más que en otros.
En segundo lugar está el hortícola con 215 parcelas, la mayor parte de ellas dedicadas a productos de huerta y, las que menos, a cereal. Los pastos se han llevado 111 parcelas, una cifra que ha ido creciendo poco a poco pasando de una parcela el primer año a 57 en 2015. La apicultura tuvo su auge en 2014, con 24 parcelas destinadas a ello. En total son 41, aunque ha bajado en el último año tres, las mismas que registró en 2013.
A frutales se han destinado 68 parcelas, una cifra en descenso, mientras que las dedicadas a castaños se van manteniendo.
En total son 42, pero el primer año sumaron 12 y el último 11.
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