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Yuma: "Políticos maravillosos, los del bar"

Yuma: "Políticos maravillosos, los del bar"

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Diana Martínez | 18/03/2016 A A
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Yuma: "Políticos maravillosos, los del bar"
Esto en mi barrio es pelea Miguel Gonzalo García Pérez, en los papeles, ‘Yuma’ para amigos y enemigos (si los hubiere). Nacido a orillas del Órbigo, pero berciano desde hace 30 años. Cuando un día llegó a Ancares, lo que más le fascinó fueron los castaños
– Pedáneo de un pueblo abandonado (Villarbón), cultivador de calabazas gigantes, ha rescatado a niñas en el desierto (recordamos el caso de la joven saharaui Aicha Embarek), ha repartido comida y libros de forma solidaria en Centro América, ha tenido problemas con la justicia en Mauritaria. Si Miguel Yuma apareciera en el diccionario, ¿Cuántas acepciones tendría?
– Yuma tendría muchas acepciones. Hay muchos lugares en el mundo con ese nombre, incluso una película. Yo un día fui a la desembocadura del río Yuma en República Dominicana. Como detalle jocoso me tomé un par de roncitos, cogí una concha y me bauticé yo mismo. Pero en el diccionario me gustaría que apareciera para definiría una palabra: leal. Me gustaría quedar en la vida para vecinos y amigos como un hombre leal.

– Usted sale siempre en los periódicos por aventuras un tanto peculiares. ¿Es por una necesidad de cambiar el mundo o es por dar la nota?
– Mis pretensiones no son que el mundo sea mejor, eso sería una estupidez. Cuando uno es joven sí hace muchas tonterías para que el mundo sea mejor. Pero esas cosas rasas que hago me han venido dadas. Cuando estás tranquilo en tu casa y suena el teléfono o llega una carta y alguien cree que puedes servir de ayuda. Das un paso adelante y luego ya no lo puedes dar hacia atrás. Pero generalmente todas esas aventuras han sido derrotas.

– De todas ellas ¿cuál daría para escribir una novela o hacer una película?
– Igual sería muy aburrida la película, pero siempre he creído que las pequeñas aventuras de la vida cotidiana son las más importantes.

– ¿Qué cosas de las que ha visto por el mundo no le gustaría volver a ver ni en pintura?
– Las fronteras. Eso es terrible. Yo pertenezco a una generación que las vivió aquí en España con la dictadura. He ido a países muy duros y es increíble como puede ser que haya una raya imaginaria donde para un lado puede estar la opulencia y para el otro el hambre.

– Hace 25 años empezó la aventura de levantar a Villarbón, en Ancares, de su ruina. ¿Cómo está el pueblo ahora?
– Casi diría que no está. Esa ha sido una de las etapas más maravillosas de mi vida, pero es la historia de un sueño roto. Se hicieron muchas cosas increíbles en un lugar casi perdido. Exposiciones, encuentros de estudiantes. Peleamos para conseguir las cuatro patas básicas y cuando estábamos casi al final, necesitábamos una carretera y no la conseguimos. Peleamos muchos pero no pudo ser.

– ¿Es verdad que algún que otro periodista tuvo algo que ver en que Villarbón no tenga carretera?
– Hubo a un periodista que no le pareció bien que le fueran a poner una carretera a algún lugar casi abandonado. A los periodistas se os considera el cuarto poder, pero de cuarto, nada. Estáis varios escalones más arriba. Yo lo doy como causa perdida. Pasé mi tiempo de desolación y un día me desperté ya en paz.

– ¿Qué cosas cree que han hecho mal y qué cosas fatal las instituciones en desarrollo del medio rural? De hecho, ¿cree que han hecho algo bien?
– Eso es una cosa de locos. De repente vienen y dicen: desarrollo sostenible. Y que da muy bien. La mayoría de la gente quiere vivir un poquito mejor. Huyen de la precariedad de los servicios. A los bares de los pueblos había que darles una subvención y sin embargo los matan a impuestos. Si quieres tener seis gallinas tienes que escribir el Quijote para solicitarlo. Creen que vas a robar al Estado con seis gallinas. Sólo falta que venga Montoro a ver cómo ponen los huevos. No quiero hablar de los políticos .

–Pero usted es un poco político...
– ¡Hombre, a mí me gusta vivir bien! Y siendo alcalde pedáneo de un pueblos abandonado, ¡ahí hay mucha pasta! Conozco a unos políticos maravillosos, los del bar de mi pueblo, que saben de la vida mucho más que toda esa caterva.
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