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Yugos, maneras de uncir

Yugos, maneras de uncir

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Toño Morala | 11/02/2019 A A
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Yugos, maneras de uncir
Reportajes Yugos y yugueros, un apero y un oficio que marcaron décadas y décadas de la vida de esta tierra y hoy nos parece que siempre fueron elementos ornamentales para paredes vacías, viejas bodegas y los museos etnográficos
Qué aparentemente fácil se ven las cosas cuando se muestran, cuando se cuenta su pequeña historia y, parece como si siempre han estado colgadas de las paredes de algunas bodegas, salones, portalones arreglados… parece ser que se lleva el poner aperos de labranza en las casas aunque sean nuevas; muchos es por nostalgia y recordar la memoria de cómo vivían sus antepasados, pero hay otra gran mayoría que ponen y cuelgan estos aperos como decoración… menuda decoración de las narices; si hubieran tenido que uncir los diferentes yugos para los distintos trabajos en el campo, otro gallo les cantaría; pero es mejor tener estos aperos sin saber la gran mayoría de veces su utilidad, y que queden en la retina, que algo pasará para la memoria. Existen un buen montón de aperos de labranza que poco se sabe de ellos, incluso, los más estudiosos sobre estas cuestiones no tienen muy claro el cometido de muchos. Hay que resaltar, que en gran medida, servían para múltiples funciones, o se armaban con otros pequeños inventos para que los paisanos trabajaran menos, y que el tiempo no se les echara encima, que también contaba, y mucho. Y antes que todo esto pasara, los animales tenían que ser enseñados y adiestrados para que no se armara la marimorena; pues una yunta de bueyes o vacas mal enseñadas, ponía en peligro tanto la vida de los labradores, la de las cargas, y lo peor en aquellos años de tremenda necesidad, la vida de los propios animales. Era una desgracia y casi la ruina absoluta cuando un animal de tiro moría o se despeñaba, o simplemente, al vuelco, quedaban tullidos y ya no servían para la vida de labor en el campo; o bien un vecino dejaba una vaca o buey, si le sobraba, o bien se uncían vaca y burro, que había que cambiar la estructura del yugo y tirar para adelante.

Y si hablamos de yugueros, pocos quedarán en todo el país; oficio aprendido desde niños a través de la sabiduría de abuelos y padres, y el gran conocimiento de las diferentes razas de ganado, pues no es lo mismo un yugo para las vacas de trabajo de una comarca de secano, como de montaña, no es lo mismo un yugo para ciertos bueyes que para otros; ocurre lo mismo para las mulas. Pero lo realmente importante era que el yugo fuera de buena madera, dura y a la vez con poco peso, que se dejara trabajar bien, y que fuera tan duradero, por lo menos, lo que durara el paisano en aquella vida de tanto trabajo. Generalmente los yugos se fabricaban con madera de haya y con la forma de la parte superior de la cabeza con los salientes donde se ataban con correas (coyundas) de cuero a los cuernos en los diferentes yugos cornales. Y según el tipo de siembra, algunos yugos se ponían a la medida para que el ganado no pisara lo sembrado, y pisaran en el espacio de tierra sin cultivar, y así no hacer daño a la cosecha. Estos artesanos yugueros utilizaban pocas herramientas, las más imprescindibles eran el hacha, serrote y azuela… Hay varios tipos de yugos; tenemos el yugo yugular, también denominado yugal o de cruz, que es un madero colocado sobre la cerviz y atado al cuello. Parece el más antiguo y el más extendido por el mundo, pues su uso es muy extenso. En un estudio de Yugos cornales de Castilla y León. Arturo Martín Criado, entre otros, escribe sobre el yugo leonés… «El yugo cornal o frontal, el madero es colocado sobre la nuca o testuz del animal, tocando la parte posterior de los cuernos, a los que se ata, así como a la frente. El yugo leonés se caracteriza por sus grandes camellas en forma de U invertida, algo más anchas y bastante más altas que las de los yugos de otros tipos; se utilizaba desde las tierras montañosas de Babia y Laciana, pasando por la Cepeda y la Maragatería, hasta las tierras del sur de León y norte de Zamora. Más al sur, en los Oteros, comarca cerealista y vitivinícola, había otra variante funcional, un yugo de 165 centímetros de longitud empleado para arar las viñas. Es muy conocido el yugo maragato dibujado por Aragón Escacena y reproducido por Aranzadi. Ahí pueden ver y leer las diferentes piezas de las que se compone… Entre otros, llama la atención la zamorana, es la del yugo mixto de vaca y asno, característico de los pequeños labradores»; y esto era así porque en zonas varias, la pobreza era tan extrema, que tenían una sola vaca para sacar un ternero, y un asno que les llevaba por la vida adelante sin tener que andar y con las alforjas llenas de productos para vender en pueblos mayores o en las ciudades. Y aquí hay que decir, que los mismos aperos y sus partes, en unos sitios cambian de nombre por múltiples factores que no vienen al caso; pues no acabaríamos ni con veinte páginas del periódico.

Pero no todo parece ser tan fácil… Hay que cortar la madera en la mengua del otoño e invierno… Noviembre, diciembre y enero; tras la tala, se trocea el árbol y se introduce en agua, y tras pasar unos ocho días, se introduce la madera en el horno de leña y con un par de vueltas, ya está lista para comenzar el largo proceso hasta llegar a ser un buen yugo. En el banco de trabajo se comienza a descortezar, y a tirar de mano y brazo con la azuela y las demás herramientas… El secreto de un buen yugo, decía Saturnino, «está en el humo; una vez terminados los trabajos de carpintería se pone el horno y se ahúma para que no le entre la carcoma». Y luego, también contaba mucho la firma del yuguero con toda una serie de adornos; dibujos tallados y curvados, que realizaban con las gubias… y para hacerlo aún más bonito, colgaban flecos tejidos con lana de colores diversos, terminando con volantes, y se cubrían con una piel con lana, -generalmente de oveja-… y a tirar siempre para adelante, pero con seguridad y su tiempo requerido; las prisas casi siempre salen caras. También existen yugos de collera para caballerías, se trabajan de una sola pieza de madera y se usaron mucho en trabajos de mucho tiro. Y hay que recordar que también había yugos para tres animales, generalmente, se emparejaba en el medio de la gamella para que fueran aprendiendo con la yunta más experta. De esta manera al novato no le quedaba más remedio que seguir los pasos de los veteranos muy bien adiestrados; y en muchos pueblos, este yugo era comunal. Y hay que ir cerrando este recuerdo de los yugos, y lo vamos a hacer con otro de los útiles con argumentos para hacerle ver a «la chata, la rubia, la mora, la lucera…» quien mandaba en las diferentes maniobras; aparte de la voz, el labrador se ayudaba de la ijada, una vara larga de avellano o de fresno con una buena punta de acero bien afilada en uno de los extremos, también las había de horqueta… se le hincaba en los ijares (costillas), en el lomo y en las nalgas, nunca en la barriga (a veces le salían unas gotas de sangre por el pinchazo y en seguida acudían los tábanos a cebarse sobre la herida). Todo se aprovecha en la naturaleza. Y hay que comentar algo sobre Yugueros pueblo, entre otras cosas, aparte de las minas… «También tuvo una cierta importancia ganadera por sus abundantes pastos, en su mayoría en el llamado Coto Redondo de Los Aciales y Santa Olaja, propiedad de los Marqueses de Astorga (los Osorio) y sobre los que el Pueblo tenía un Foro Perpetuo. Sus habitantes se dedicaron, por la abundancia de bueyes, al transporte con sus yuntas de todo tipo de materiales». El Barzón… popular canción de la época donde relata el actuar del cacique que acapara tierras trabajándolas a medias para explotar la pobreza y mucha necesidad de la gente; un lenguaje tal vez poco conocido en el medio urbano. La canción dice así: «Esas tierras del rincón las sembré con un buey pando, se me reventó el barzón y sigue la yunta andando/ Cuando llegué a media tierra, el arado iba enterrado, se enterró hasta la telera… el timón se deshojó/ el barzón se iba trozando, el vigor se iba pandeando, el sembrador me iba hablando y yo le dije al sembrador/ no me hable cuando ande arando; se me reventó el barzón y sigue la yunta andando».
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