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Viva San Froilán

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06/10/2018 A A
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Viva San Froilán
El domingo pasado, mientras paseábamos en familia por el centro de la ciudad nos encontramos con el desfile de pendones que se dirigía hacía la Catedral. Casi trescientos pendones y ochenta carros –que no papones como les llamaba Dimas–, pusieron color y ambiente a una mañana de sol y mosca, que en ciertos momentos y aunque les parezca extraño, llegaron a emocionarnos.

Los que hemos tenido la suerte de vivir fuera de nuestra tierra de manera voluntaria (y no les digo nada si ha sido en el otro reino, en aquel que fue Nazarí), ver los pendones el pasado domingo te lleva a recordar aquellos años en los que por culpa de la distancia no podías festejar San Froilán, y en los que la familia se encontraba a más de 800 kilómetros. Eso sí, allí morcilla y chorizo nunca faltaban, porque también los tienen buenos, y eso al menos, ayudaba a paliar la morriña.

Una vez más el concejal de fiestas, el de las Cantaderas, el que puso contra las cuerdas a don Mario, invitándoles a participar en la próxima cabalgata de gigantes y cabezudos, ha conseguido que muchos de nosotros decidamos no salir este fin de semana en busca de ciudades con playa, aprovechando este fantástico veranillo de San Miguel, para disfrutar de nuestras fiestas, gastronomía y tradiciones, que muchas veces las tenemos olvidadas. Pasear estos días de otoño por León sin teléfono móvil y sin reloj es un verdadero lujo, una experiencia maravillosa que muchas veces no ponemos en valor porque el día a día nos hace ir tan deprisa, que no nos damos cuenta de que unos simples minutos de paseo con la familia pueden alegrarte el día o al menos inyectarte una dosis de positivismo que te haga ir a la cama contento, con la satisfacción de haber pasado un buen día.

Si tengo que escoger entre San Juan o San Froilán, me iría de cabeza a San Juan porque hay toros, pero dejando la fiesta al margen (aunque la realidad es que la fiesta se deja sola ella misma), San Froilán me gusta mucho más porque el ambiente en las calles es de verdad y sin mentira, no como San Juan que muchas veces parece un «agua-anís» forzado. Ahora sí la gastronomía y las casetas tienen su sentido, el festivo se coge con más ganas, sabiendo que la próxima semana viene otro igual y la gente parece que vuelve de vacaciones más tranquila, después de quitarse esa pesada mochila de contarnos por el Facebook el minuto a minuto de su frenética y envidiada vida.

Así que mi querido Pedro, cuando el próximo año presupuestes las fiestas, resérvate una tiradina de fuegos artificiales para estos días, con diez minutos es más que suficiente, y ¡sería la leche!
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