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Viejos resineros; nuevos maestros

Viejos resineros; nuevos maestros

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Toño Morala | 08/10/2018 A A
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Viejos resineros; nuevos maestros
Reportajes El de resinero es uno de esos oficios con historia y con historias, pero por suerte no es de aquellos que han desaparecido para siempre y recordarlos es la única forma de dejar constacia de su existencia, pues el resinero sigue vivo en muchos pueblos donde los viejos del oficio son ahora los nuevos maestros
Hay oficios que vuelven al candelero en este país que olvida de dónde venimos y que no sabe dónde quiere llegar; nada nuevo, así llevamos lustros y, salvo excepciones, casi nadie habla sobre el pasado de aquellos oficios que tanto bien han hecho a la evolución de la vida y que fuera más fácil el vivir sin tantos trabajos y derrotas añadidos. Oficios que en muchos casos han desaparecido casi por completo, o que nada tiene que ver la forma artesanal de aquellos años, con la industrialización del producto final; sin embargo, aún quedan resquicios del trabajo como lo hacían los antepasados, los ancestros, en aquellos pueblos que tanto miraban por el bien común y por el de todas las especies y naturaleza en general. Uno de aquellos es y ha sido el oficio de resinero, uno de esos oficios que poca gente sabe que existen, pero consumen resina en muchos materiales que tienen en casa y además no lo saben; luego escribimos sobre ello. Un oficio que se desarrolla prácticamente a la intemperie, y que requiere una sabiduría aprendida, generalmente de padres a hijos. El resinero es un agricultor que explota la resina de los pinos sin hacer nada de daño, tanto al medio ambiente, como al bosque. La competencia internacional, el aumento de los costes de recogida y la escasez de mano de obra hicieron descender la producción. La reducción de la actividad resinera y la escasa importancia económica de la madera en algunas regiones españolas derivó en importantes acumulaciones de combustible en muchos pinares, con el consiguiente impacto de los incendios forestales por la invasión del matorral, todo eso reforzado con lo inflamable de los viejos árboles resinados. La subida del precio de la resina ha supuesto que en estos últimos años se vuelva a su explotación racional. Entre las diferentes teorías que se barajan para justificar esta subida del precio y la rentabilidad de la explotación de la resina natural, una se encuentra en la subida del precio del petróleo y por lo tanto de las resinas sintéticas; otras, son las referencias en el autoconsumo en países productores como Brasil y China y el aumento de mano de obra, debido al paro y a la actual situación de crisis que se vive en el País. Los trabajos de resinación suponen beneficios directos e indirectos. Los montes en resinación son muy bien cuidados, productivos y más seguros, así evitando el peligro de incendios. Y como no, este aprovechamiento supone la creación de múltiples puestos de trabajo, desarrollo de la industria local y comarcal, activación económica, desarrollo rural y asentamiento de la tan nombrada población.

Los productos resinosos han venido utilizándose desde la antigüedad, representando para los primeros pobladores un elemento de sobrevivencia, pues resulta muy difícil entender su existencia sin ellos: la iluminación de las cuevas donde se resguardaban, el transporte del preciado fuego en sus desplazamientos, el modo de calentarse, o de asar la carne, iluminarse en la oscuridad, la elaboración de embarcaciones y su impermeabilización, evitando la entrada de agua y que se pudriera la madera, y así otras muchas actividades de la vida cotidiana. A lo largo de la historia, los diferentes pueblos han utilizado la resina y sus derivados en infinidad de tareas domésticas y de intercambios comerciales. Las civilizaciones dominantes de cada época fundamentaron su poder en su potencial naval, por lo que, mientras los barcos fueron de madera, se afirma que dicho poderío se vio directamente influido por los recursos forestales y resinosos que poseían. «Pero nuestros antepasados no sólo emplearon estos productos con fines pacíficos, sino que se sirvieron de ellos igualmente como un arma terrible en actividades bélicas. Por ejemplo, en acciones de asalto (lanzando bolas de fuego, teas incendiarias y flechas impregnadas con pez; incluso, en las batallas navales se empleaban ánforas llenas de pez y resina en lamas proyectándolas hacia las embarcaciones enemigas); o, en actuaciones de defensa (arrojando pez hirviendo sobre los asaltantes para mantener las posiciones defendidas).

Los cartagineses utilizaban la pez para embadurnar sus murallas defensivas y viviendas, construidas con rocas calcáreas poco consistentes a la humedad y salinidad del agua del mar. De esta forma evitaban su deterioro y prolongaban la vida de sus edificaciones». Comentan varios expertos. La colofonia, se cree, que debe su nombre, por aparecer por primera vez como producto comercial en la antigua Grecia, en la isla de Colophon, patria de Homero, obtenida por calentamiento de resinas. En España desde tiempos de los íberos se elaboraba pez en abundancia que la utilizaban para la artesanía y en el intercambio y comercio con otros pueblos. Sobre la calidad y propiedades de la pez en Hispania, el historiador Plinio dice que se utilizaba para precintar el tapón de las ánforas llenas de vino, evitando que éste se derramase. Incluso la pez servía para dar cuerpo al vino.

Desde la antigüedad, la resina procedente de las coníferas fue empleada principalmente en forma de alquitrán, brea y pez, siendo sus principales consumos el calafateado de los barcos, la impregnación de las cuerdas de cáñamo, la conservación de la madera, la iluminación y otras numerosas aplicaciones vinculadas casi siempre a la industria naval, de ahí la denominación inglesa de naval ‘stores’ que todavía en la actualidad reciben genéricamente los productos resinosos. Los países escandinavos, Rusia, Polonia y, en menor medida, la región francesa de Las Landas, han sido los grandes productores de la Europa preindustrial y abastecedores de los principales mercados occidentales. Cuando el hierro sustituyó a la madera en la construcción naval y el alquitrán, que empezó a ser obtenido con un coste menor mediante la destilación de la hulla, los productos fueron perdiendo importancia y la obtención de la resina se utilizaba para producción de colofonias y esencia de trementina.

Sería realmente difícil enumerar los numerosos y siempre cambiantes empleos, allá por las primeras revoluciones industriales, donde intervenían la colofonia y la esencia de trementina. En lo que se refiere a la trementina, las principales aplicaciones se debían a sus propiedades como disolvente de materias grasas y durante mucho tiempo para la fabricación de pinturas y barnices. Otras propiedades, fue la que en la segunda mitad del siglo XVIII introdujo el empleo de la esencia de trementina como disolvente del caucho y en la limpieza de maquinaria, sobre todo en los barcos a vapor y en los ferrocarriles. Además de las citadas aplicaciones, la esencia de trementina se empleaba en el curtido de pieles, fabricación de insecticidas, veterinaria y farmacia y, mezclada con alcohol, para el alumbrado doméstico. Para la colofonia, los usos más extendidos serían, la fabricación de jabón, cola de papel, aceites y grasas industriales, lacres, betún, negro de humo, alquitranes, revestimiento de los barriles de cerveza… De entre ellos, al menos por lo que se refiere a la industria española, la fabricación de jabón fue el sector que mayor volumen de colofonias absorbía. Se trataba de jabones blandos, fácilmente solubles en agua, por lo que su consumo tenía lugar sobre todo en las regiones periféricas, particularmente del Mediterráneo. Y no hay que olvidar, que este tipo de jabones eran los que se consumían en la industria textil para el batanado y desengrasado de la lana, lo cual les otorgaba su verdadero carácter industrial, siendo Cataluña su mayor comprador.

En nuestra querida provincia casi olvidada, la cosa sobre estas buenas gentes que trabajan la resina va bien, y nos alegramos; los datos de la campaña pasada han sido muy buenos. La temporada 2016-2017, el sector ha recogido unas casi 900 toneladas. León cuenta con unos 70 resineros; entre otros pueblos, Tabuyo del Monte es donde más actividad hay. Las principales herramientas utilizadas hoy en día para la realización del aprovechamiento de resina, entre otras, son: Cuchillas varal, Azuela espina de pescado, Cuchillo, Carro, Exprimidor Volteador y Lata, Media luna, Varal, Barrasco, Mazo, Azuela, Marcador… y sí, parece ser que regresa un oficio antiguo, ojalá se quede para siempre, y que vaya aumentando… necesitamos a los maestros resineros.
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