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Todos los pies, todos

Todos los pies, todos

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| 23/01/2019 A A
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Todos los pies, todos
Una de las letras más bellas destinadas a cantar la unión de todos los pueblos hispanos resume su sueño en un estribillo mil veces coreado: «Todas las voces todas. / Todas las manos todas. / Toda la sangre puede, / ser canción en el viento. / Canta con migo canta, hermano americano, / libera tu esperanza con un grito en la voz».

Todas las manos, todas.

O todos los pies, todos; qué más da manos que pies.
Y en tres pies, muy diferentes y en los que se puede adivinar cómo pueden ser sus dueños, resume Mauri a «todos esos otros pueblos» para los que no hace falta cruzar el charco, a todos esos pueblos, miles, que elevan sus cánticos a la que se ha dado en llamar «la casa de los pueblos», a la que popularmente bautizan como la ‘Dipu’, tal y como lo lees en la foto.

Y es que a los pueblos, esos que cada día son más tierra vacía, no les queda más puerto que llevar sus barcos que a esta casa, creada para ellos, no lo olviden.

En esa casa, que es palacio, no debería importar los zapatos que traen los pies de sus gentes, incluso si traen madreñas, lo que no deben, no pueden, olvidar es que su única razón de ser, que no existen más motivos para que se enciendan las luces cada mañana que saber qué le ocurre a los dueños de los pies que caminan hacia la ‘Dipu’.
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