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Tierra hidalga

Tierra hidalga

OPINIóN IR

29/04/2021 A A
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Tierra hidalga
Los leoneses hemos vertido estos días sangre a torrentes para hacer ver en nuestros enredos sociales que llevamos esta tierra en las venas y en el corazón. Hemos hecho gala de nuestro carácter lanar y hemos acudido en rebaño a hacernos fotos detrás de las letras que dan nombre a la ciudad con el fin de lucir una pulcra estampa que casualmente hemos podido estrenar coincidiendo con la fiesta de la comunidad, celebrada por casi todos pese a no ser compartida por casi ninguno de nuestros paisanos. Muy bien. Somos muy leoneses y mucho leoneses, como diría el inane Mariano. Tenemos el corazón de color púrpura y el pecho henchido, pero ya es hora de que llevemos nuestra tierra también en la cabeza, por mucho que los gestores de la cosa pública lleven tiempo tratando de convencernos de que la política ha dejado de ser un caudal de ideas de diferente cuño para convertirse en un agrio gazpacho de sentimientos enfrentados hasta el extremo.

Haciendo gala de ser tierra hidalga, como proclama nuestro himno, los leoneses tendemos también al quijotismo y vemos gigantes que nos amenazan desde fuera, como es el caso de los molinos de viento que las empresas energéticas quieren sembrar en nuestras montañas y llanuras, pero miramos a otro lado ante los enanos autóctonos que poco o nada están haciendo desde sus responsabilidades en diferentes ámbitos por propiciar alternativas de futuro que hagan de torniquete ante la hemorragia demográfica que padecemos. Concilios, fueros y reyes dieron prestigio a León. Y envidias, lloros y guerras se lo van a quitar.

Llevar esta tierra en el corazón y en la cabeza debería implicar algo más que incitar el odio a lo pucelano. Debería implicar por ejemplo aparcar el cainismo que portamos en las entrañas, unirnos para sacar adelante proyectos que todos sabemos que son buenos y pegar un puñetazo encima de la mesa para que no nos pongan mirando a Cuenca como han hecho recientemente con el centro de estudios penitenciarios y como llevan haciendo tantos años rojos y azules –por mucho que los primeros digan que con ellos nos va bien– con la integración de Feve y con el edificio que oficializará el triste bautismo de León como la Ciudad del Mayor.
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