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Terraplanistas

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OPINIóN IR

09/03/2020 A A
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Terraplanistas
No escasean las veces, a lo largo de la vida, que uno se lamenta de no haber pertenecido a algún club, u organización, sea ella civil, deportiva o religiosa, científica o artística, en cuyo seno poder sentir y sentirse amparado y protegido por los ‘hermanos’ y a salvo de toda duda nefasta y corrosiva. Los que esquivan este escollo, incapaces de encasillarse, o indignos, se preguntan: «¿Soy clásico a romántico? No sé. Dejar quisiera mi verso como deja el capitán su espada, famosa por la mano viril que la blandiera, no por el docto oficio del forjador preciada» escribió Antonio Machado, uno de esos pocos.

También puede ocurrir que uno no sepa a qué grupo pertenece hasta que, en un determinado momento, la misma vida lo sitúe y le revele su verdadera identidad. Esto es lo que le ha sucedido al cronista, que, a punto de cumplir 79 años, y para conmemorar la efemérides ha decidido afiliarse a la The Flat Earth Society, con domicilio en San Francisco. Se trata, como su nombre indica, de la Sociedad de la Tierra Plana. Y a ello le ha inducido la reciente existencia del primer mártir, un tal Mike Hughes, uno de sus seguidores, que ha muerto en un accidente, lanzándose en un cohete de su propia fabricación, cuando intentaba demostrar que la tierra es plana, como, por otra parte, fácilmente puede verse, a pesar de lo que la ciencia nos ha tratado de meter en la cabeza.

Que la tierra es plana lo sabe bien Colás, mi vecino del pueblo, quien cada día camina hasta Cistierna, 5 kilómetros, para mantenerse en forma, y lo mismo le da mirar a un lado que otro, todo sigue siendo tierra, montes, río, casas y el tren Hullero que viene de Guardo y se encamina hacia León sin necesidad de mayores subidas y bajadas más que la imprescindibles, ya que lo que sí hay en la tierra son montes y valles y llanuras y todo eso, pero nada de tener que darle vuelta, cabeza abajo, como si anduviéramos por una gran bola. Si fuera así, llegaría un punto en el que caeríamos de cabeza a los abismos.

Pero, a pesar de ser plana, la tierra no es nada aburrida. Ahí tenemos a las religiones, las teorías filosóficas, las razas, las etnias, los países, los artistas, los empresarios, los militares, los políticos, para hacer de ella un verdadero Campo de Agramante en el que algunos llegamos al final sin haber alcanzado a comprender una mínima parte de todo ese embrollo. Tampoco hay que descartar que hayamos sido felices. ¡Viva el terraplanismo! Grita, pues, el cronista.
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