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Te odio, querida hemeroteca (II)

Te odio, querida hemeroteca (II)

OPINIóN IR

25/01/2021 A A
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Te odio, querida hemeroteca (II)
La semana pasada quedé pendiente de contar alguna manera en la que los archivos, la hemeroteca sobre todo, tan pronto te hacen creerte un Zaratustra iluminado como un Abundio de manual. De hecho, puede que estas mismas líneas hayan salido de ese pozo de páginas pasadas, pero junto con la inspiración también ha llegado un poco de jarabe para que no se me inflame la vena de preciso y original analista de la actualidad y del devenir de la provincia. Así las cosas, aquel Mirantes pérfido y canalla del 25 de enero de 2016 se pasea por la sala con una mano a la espalda y una página en la otra, leyendo con ironía: «Pero ya nos teníamos todos que España no remontará el vuelo como las avutardas que llegan estos días a los Oteros a costa de vender los sofisticados molinos de viento para los mares del norte diseñados por nuestros ingenieros, ni las vacunas contra el cáncer de nuestros investigadores, ni las imprescindibles e invisibles herramientas de ciberseguridad ideadas por nuestros programadores. Y no creo que le sorprenda a nadie que esto sea así».

Y queda el eco de esas sentencias aquí firmadas hace cinco años bajo el título ‘Ahora sí hay brotes verdes’ arrasando todo en mi cabeza. La hemeroteca cambió su gancho y su cable de acero para sacarme del charco, por la bola de derribo de convicciones pasadas. Ahora toca reconstruir y admitir que los sofisticados molinos de viento volaron como aquellas mismas avutardas, que el sector químico espera que ADL también levante el vuelo y que esas imprescindibles e invisibles herramientas no han servido para atornillar en León la sede europea de la ciberseguridad. Vamos, que ni un acierto.

Y con este éxito, como que no tenía yo ayer demasiados motivos para celebrar la fiesta del patrón de los periodistas, San Francisco de Sales, que menudo marrón le ha caído, mantener la fe de un gremio que apenas cree en su propia obra. Pero ustedes no la pierdan la esperanza y sigan leyendo. Es mejor, créanme.
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