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Talento y mucha sed

Talento y mucha sed

OPINIóN IR

24/08/2020 A A
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Talento y mucha sed
Tremendo alegato el que el director de este periódico publicó el otro día, (16.8.20) a propósito de la controversia sobre si en la corona del Rey Alfonso VI en la escultura funeraria realizada por el gran artista de Villahibiera, Amancio González (el de la Negrilla) lo que figuran son catedrales o castillos. Acaba con una sentencia rotunda: «En esta tierra tenemos talento y mala hostia para exportar, aunque solo exportamos el talento».

La mala hostia, lo que queda, el poso, la sustancia, supone, probablemente, nuestra mayor fortuna, lo que hace que, fuera de la tierra, y a pesar de nuestra insignificancia, se nos respete como es debido. Sin ella no seríamos nada. Hay que darse a valer. Tú, hijo, no te arrredres. Lucha. Pero, eso sí, con lucha leonesa, es decir, con mañas, con astucia, con técnica, con ironía. Que lo mismo sirven para ‘tirar’ a un rival ajeno que a uno propio, a un enterado que a un ladino, a un alcalde que a un obispo.

¿Y el talento? En Madrid o en Barcelona, o en Bilbao que ya es decir, ya nadie duda del talento leonés, pues sobran los ejemplos. Vamos a circunscribirnos hoy, dentro del territorio propio (León, Zamora y Salamanca) propiamente dicho, a una pequeña parcela de la provincia, y dentro de ella a un tramo del Esla (viejo Astura) que va desde Cistierna hasta Mansilla: El Padre Isla en Vidanes; Demetrio y Amancio en Villapadierna; en La Aldea del Puente, Eusebio Cano Pinto; la Pícara Justina y Bernardino Martínez Hernando, en Mansilla. ¡Qué casualidad! En tan pocos kilómetros (y mala carretera) toda una muestra universal sobre la ironía, que es la máxima expresión del talento.

Porque, en León, la mala hostia es ironía, ese arma letal que, cuando se junta con el talento resulta altamente destructiva. Es como los ‘lumumbas’ que le enseñaron a beber en Cármenes al cronista: un compuesto de leche y coñac caliente que, según decían aquellos canallas que lo arrastraban a las romerías veraniegas: Emborrachaba y alimentaba. ¿Qué más quieres? ¡Y, además, por lo que cuesta! Porque, en Canseco por ejemplo, como enseguida se acabaña los ‘Alicaos’ había que echarle mano al caldero de la leche, sin oposición alguna de la cantinera que continuaba haciendo punto y dando conversación.

En aquel pueblo del otro lado del puerto, dando ya para el Curueño, un 12 de agosto, a las 3 de la madrugada, poniendo los ‘lumumbas’ a enfriar sobre la superficie helada de la noche, con Julio Llamazares pidiéndole hielo a la camarera, Fulgencio, Fierro, el joven Manilla, viendo caer las Perseidas celestes… Talento, y mucha sed…
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