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Talento y ‘fusión’ que convierten la antracita en una piedra preciosa

Talento y ‘fusión’ que convierten la antracita en una piedra preciosa

EL BIERZO IR

Algunas de las creaciones de Elisabeth Rayo para y proyecto Fusión, de antracita y plata. Ampliar imagen Algunas de las creaciones de Elisabeth Rayo para y proyecto Fusión, de antracita y plata.
D.M. | 13/11/2020 A A
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Talento y ‘fusión’ que convierten la antracita en una piedra preciosa
Sociedad La joyera Elisabeth Rayo instala en Fabero su taller donde diseña piezas de plata y carbón inspirada por el entorno minero
«Donde mucha gente ve decadencia, yo veo inspiración. Donde muchos ven la tristeza por ver que algo que funcionaba ya no funciona, yo veo una nueva oportunidad, una nueva vida». Elisabeth Rayo es joyera de profesión, tras años de formación en la Escuela de Joyería de Barcelona y experiencia profesional en muchos lugares distintos.

Desde Barcelona vino, hace tres años, ya que circunstancias de la vida la llevaron a Fabero, de donde es su pareja, y donde preveían instalarse para unos meses. Unos meses que se alargaron y que fructificaron en forma de una iniciativa emprendedora que tiene el carbón como uno de sus protagonistas principales.

Acaba de poner en marcha su taller de joyería Fusión, en Fabero, una marca bajo la que diseña y comercializa piezas únicas donde la plata y el carbón antracita de la cuenca de Fabero se mezclan un una expresión de belleza y optimismo, los que desprenden cada una de sus originales creaciones artesanas que ya ha empezado a distribuir y que en pocos días tendrá a disposición en diferentes canales de venta a través de internet, como el 'landing' www.artislands.com/fusion

Son anillos, colgantes, pendientes y demás joyas y objetos decorativos con originales formas geométricas y simbólicas, con los que intenta transmitir esa posibilidad de revivir, de resurgir, de seguir hacia adelante a un mundo como el del carbón, al que todo el mundo parece querer poner fin.

Vive cerca del Pozo Julia, otro de los ejemplos en los que el carbón trata de reinventarse en forma de futuro turístico. Y para ella, ese paisaje es realmente evocador e inspirador.

«La gente que siempre ha vivido aquí está acostumbrada a ver esto, pero para mí todo este entorno, esas estructuras, esos edificios es algo realmente fascinante». A las minas, al cielo abierto sale a recoger sus piezas de antracita, un mineral con unas características realmente especiales.

«Es increíble, porque es realmente difícil de trabajar, no puedes labrarla, no puedes tallarla...» Cada trozo de antracita, sugiere Elisabeth, te dice cómo tratarla y lo que te permite hacerle, algo que genera un tremendo respeto hacia el mineral que tanto ha dado durante un siglo a la cuenca minera de los valles de Fabero y el Sil.

Pero del mismo modo, en cada uno de esos pedazos de mineral negro salen «caras, brillos espectaculares, tonos azulados o destellos maravillosos» que la convierten en una preciosa piedra ideal para las nuevas tendencias de joyería.

Y es que, tal y como explica Elisabeth, «la moda en la joyería también ha cambiado mucho. Ha dejado de ser tan elitista» y, aunque también sigue habiendo quien dedique un importante gasto a joyas con piedras preciosas o metales nobles, «ahora la tendencia es a la fusión, a la variedad de materiales, al diseño, a transmitir algo con cada pieza». Ella ha decidido elegir la plata y el carbón, por el momento. Un carbón, la antracita que, además «no mancha», no es como otras variedades que sueltan polvillo o grasa y a los que los artesanos que las trabajan deben darles ciertos tratamientos para poder usarlos en sus creaciones.

La antracita sigue teniendo algo especial para Fabero y para Elisabeth. En su proyecto fusión se unen el talento, la ilusión que evoca a aquella justicia poética y a aquella magia de cuento que convirtió una calabaza en una elegante carroza o unos harapos en un precioso vestido... y ahora convierte trocitos de carbón en auténticas piedras preciosas.
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