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"Somos una raza de buenos bastardos"

"Somos una raza de buenos bastardos"

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La periodista asturiana Aitana Castaño presenta hoy en León su libro de 37 relatos mineros, algunos sobre hechos reales y otros anclados en la realidad. Ampliar imagen La periodista asturiana Aitana Castaño presenta hoy en León su libro de 37 relatos mineros, algunos sobre hechos reales y otros anclados en la realidad.
Fulgencio Fernández | 24/01/2020 A A
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"Somos una raza de buenos bastardos"
Literatura La periodista asturiana Aitana Castaño presenta este viernes en León su libro de 37 relatos mineros ‘Los niños de humo’, historias basadas en la realidad y escritas desde dentro, ya que tanto autora como ilustrador son vecinos de la cuenca minera del Nalón
Cuando escuchas a la periodista Aitana Castaño en sus programas en la TPA (Televisión del Principado de Asturias) es fácil descubrir que es asturiana. Cuando hablas con Aitana Castaño en la calle, en la conversación diaria, es mucho más fácil aún saber que es de la cuenca minera, «de la del Nalón concretamente», matiza ella misma.

Y esa pertenencia y hasta militancia en la cuenca está en el origen del libro que hoy presenta en El Corte Inglés de León (a las 20 horas) y titulado ‘Los niños de humo’, con ilustraciones de otro artista de la cuenca, Alfonso Zapico. «Nos conocemos desde siempre y cuando le fui a proponer que hiciéramos este libro ‘a medias’ no me dejó ni terminar, ya dijo sí, pues siempre habíamos hablado de hacer algo juntos y este proyecto me pareció el más apropiado, de la mina, los mineros, el ambiente en las cuencas, las mujeres, que son las que hoy sostienen las cuencas, de los niños de humo».

- 'Los niños de humo' es un título que lejos de las cuencas necesita una explicación.
- Sí, como tantas cosas de la mina. Tanto Alfonso como yo lo somos, una expresión que hace referencia a que cuando los niños de las cuencas viajábamos a la capital, todo el mundo sabía de dónde éramos porque nuestras ropas olían al humo de las locomotoras, de las chimeneas o de los tubos de escape de las máquinas... de la mina.

Y bajo este título se esconden 37 relatos, de los que 10 están basados en hechos reales y los otros 27 son de ficción «pero que bien podían ser reales», explica Castaño, pues están basados «en historias que has escuchado, que te cuentan en casa, que has leído, que se cuentan en las tascas... los otros diez están escritos para el libro, algunos incluso en Madrid cuando estaba estudiando».

Son relatos que la periodista asturiana ha ido escribiendo a lo largo de quince años y ahora ha recopilado pues cree que es el momento oportuno o, más bien, el último tren.

«Nosotros somos la primera generación de las cuencas mineras asturianas que no estamos vinculadas al carbón pero, a su vez, somos la última que lo podemos contar porque sí lo hemos vivido, lo vimos con nuestros propios ojos, hemos conocido las cuencas con miles de mineros, las cuencas de los entierros, de las huelgas, ese mundo en el que el tiempo lo mide la sirena del pozo, ‘el turullu’; la angustia del teléfono que suena de madrugada cuando el marido o el hijo está en la mina, la vida en los patios de los barrios mineros de las colominas, los rescates bajo el sagrado mandamiento minero de que nadie se queda nunca abajo, ni vivo ni muerto, historias de héroes como los miembros de las brigadas de salvamento... Todos los relatos tienen un anclaje en la realidad».

Cree Aitana Castaño que ante la gravísima situación de la minería, con el final anunciado de una cultura tan arraigada en Asturias y León «lo único que nos queda a gente como Alfonso (Zapico) o yo es dejar en negro sobre blanco lo que fue esta forma de vida contada desde dentro, las historias de la gente de a pie, con su lenguaje y hasta con ese humor tan particular de los mineros, esa sorna mezclada con ‘humor negro’ de quien convive con la muerte y que se podría resumir en la anécdota que cuento en uno de los relatos, la de un accidentado al que los médicos dicen que le tienen que cortar la pierna y él responde, ‘mientras no me corte los cojones’. Todos los que conocemos la cultura minera sabemos que esa anécdota puede perfectamente ser real, lejos de las cuencas no lo entenderán, como no entenderán bien que después de un accidente los compañeros del fallecido acaban en una tasca y hasta cantan para olvidar que a la mañana siguiente tienen que entrar al mismo pozo donde se produjo el accidente».

Señala Castaño que hay mucho escrito sobre la minería, las cuencas, pero el día a día no está demasiado reflejado en relatos o crónicas periodísticas. Eincide en un aspecto como la convivencia entre gentes de todas las tierras, de todas las razas y hasta religiones. «A Alfonso le gusta mucho decir que los habitantes de las cuencas somos una raza de bastardos, pero en el buen sentido de la palabra. Es muy difícil encontrar en las cuencas ‘pureza de sangre’, todos tenemos un güelo que es de León, de Aragón, Extremeño, Vasco... se ha creado una nacionalidad que es ser de la cuenca, una especie de nacionalismo nada excluyente, ¿a quién vas a excluir si tú eres como ellos? La familia de mi padre es de la cuenca, pero la de mi madre viene de la zona de Cantabria; la del mi mozo es de Valladolid y Córdoba...». Y cree que es bueno recordar en estos tiempos cómo en las cuencas mineras «aparte de una emigración interna que fue brutal llegaron a ella los primeros africanos, polacos... de medio mundo, gente que se buscaba la vida en Asturias y León, gente que vivieron en hórreos, tenadas, poblados de barracas».

Y señala autora de ‘Los niños de humo’ que le hace ilusión la presentación del libro en León pues, señala, «yo siempre he mantenido que las cuencas mineras más importantes son las de toda la montaña de León, que hay un intercambio brutal de familias y experiencias de un lado al otro del Pajares... Para mi estar en Ciñera o Santa Lucía es como estar en casa, y recuerdo las últimas huelgas de la minería en Ciñera que me sonaba todo a cercano, a nuestro».

El libro ha tenido una excelente acogida, con siete ediciones, hasta tal punto que ya está en la imprenta una nueva entrega de relatos ilustrados, muchas nacidas en conversaciones que surgen a raíz de los relatos de Niños de humo: «Ya tiene hasta título, Carboneras, con una mirada especial al papel de las mujeres en las cuencas, que a día de hoy son las que tiran por ellas».

La mina sigue, en la literatura, que es una forma de ‘no olvido’.
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