Esta web utiliza las cookies _ga/_utm propiedad de Google Analytics, persistentes durante 2 años, para habilitar la función de control de visitas únicas con el fin de facilitarle su navegación por el sitio web. Si continúa navegando consideramos que está de acuerdo con su uso. Podrá revocar el consentimiento y obtener más información consultando nuestra Política de cookies.
ACEPTAR
Publicidad
Siempre te ve un gato

Siempre te ve un gato

A LA CONTRA IR

Ampliar imagen
| 31/05/2019 A A
Imprimir
Siempre te ve un gato
¡Qué mal rollo me da ver un gato atropellado y abandonado en la carretera!, por más que me haya tocado encontrar ¡Qué mal rollo me da pensar en quién lo ha dejado allí hasta que otros coches completen una terrible imagen de sangre y vísceras! Tal vez lo pudo evitar porque el abandono delata una forma de andar por la vida. Triste forma de matonismo impune.

¡Qué buen rollo me da llegar a cualquier lugar y comprobar que un gato, o muchos, te saludan en silencio desde alguna tapia! ¿Cómo sobreviven los gatos en los pueblos abandonados? No te preocupes, lo hacen.

Qué buen rollo llegar, por ejemplo, a Torneros de la Valdería y ver cómo un gato camina hacia algún lugar, después otro lleva la misma dirección, otro camina desde otra calle... le sigues y en un portalón están todos juntos, al sol, a la espera de algo que seguramente va a caer en poco tiempo. Blancos, negros, mestizos... catorce y aún te cruzas más de camino a su concejo.

Es muy romántica la historia de que muchos se suicidan por amor. No me la creo mucho, las formas de andar por la vida de quienes les atropellan sin pudor me hace poner la teoría en cuarentena.

La que sí me creo, porque la veo, es que hay gatas que dan de mamar a perros abandonados, que hay perras que dan de mamar a gatos hambrientos.

¡Qué buen rollo da la foto de hoy!, la que constata una vez más que en cualquier rincón que estés un gato te mira, no te vigila, te acompaña. Lo saben bien los paisanos de nuestros pueblos, lo sabe bien el dueño del tractor que cuando va a subirse sonríe al verlo y no hace falta que le diga nada, ya se tira él.

Y jamás atropellará al gato, ni el paisano lo intenta ni el gato da pábulo a la romántica y triste leyenda del suicidio cuando hay un conductor amigo.
Volver arriba
Newsletter