Si valiera la casualidad

Si valiera la casualidad

OPINIóN IR

03/04/2022 A A
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Si valiera la casualidad
No puede ser casualidad. Como decía el tío Quinto, juez de paz, cuando le preguntaban por una paternidad discutida: «Hombre si valiera la casualidad, daba la casualidad que yo había visto algo, pero la casualidad no es ley».

Por eso lo que os quiero contar no es ley; pero también me extraña que solo sea casualidad. Vosotros diréis.

Hace tres o cuatro semanas tuve el enorme placer de hacerle un reportaje a la centenaria Nati, con vitalidad no de veinteañera pero casi, no con la alegría de vivir de una adolescente pero casi... con una sonrisa eterna.

La sonrisa sólo se la borraba el recuerdo de algunos pasajes muy duros de su vida. Con 14 años, una niña en 1936 cuando los cumplió, supo que habían matado a su hermano en el monte y tuvo que seguir su huida de la propia muerte «carretera arriba» hasta llegar a Villamanín, donde una familia generosa y solidaria la acogió durante un largo y frío invierno. Después tuvo que seguir su camino hacia un exilio que también le borra su sonrisa pese a algunos recuerdos agradables, como aquel alcalde francés que cada noche se acercaba al orfanato donde dormían y les colocaba debajo de la almohada. Tanto se lo agradecía que cuando pudo Nati, 80 años después, viajó a Francia, visitó su tumba y posó sobre ella un paquete de caramelos. Y esbozó una sonrisa.

Ha pasado casi un siglo, menos los 14 años que Nati tenía y ha vuelto a ser en Villamanín. El mismo pueblo, otra guerra; el mismo exilio, otro país, la misma edad, 14 años.

A Villamanín han llegado desde Ucrania niños como ella. En Villamanín han encontrado gentes que les dejan caramelos debajo de la almohada, bicicletas en la puerta... pero estos niños, como Nati entonces, tan solo esbozan una sonrisa, la del agradecimiento pero no la del alma.

Y Nati, que sonríe agradecida a la vida por todo lo que le ha dado, pese a aquellos tragos, también siente la tristeza de verse identificada en la misma mirada, casi un siglo después.

No puede ser casualidad.
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