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Reforma en la fachada

Reforma en la fachada

OPINIóN IR

13/09/2021 A A
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Reforma en la fachada
No sé de quién habrá salido una idea tan luminosa como la de decorar con lucecitas de colores la fachada de Santa Nonia, pero si lo que ha pretendido es dar la nota y ser el hazmerreír de León, lo ha conseguido. Es lo que tiene hacer las cosas pensando más en las formas que en el fondo y la expresión de que a veces la chabacanería puede más que la sobriedad. Claro, que cuando las obras se hacen pensando en la estética más que en la devoción y vienen los almacenes chinos ofreciendo bombillas a buen precio pueden pasar estas cosas.

Mire, aunque tiene muchas virtudes el no poder aferrarse al mando el tiempo que a uno le dé la gana, en lo tocante a las cofradías y hermandades uno de los problemas que tiene el hecho de que los cargos sean tan efímeros –de uno o dos años como mucho– es que quien agarra el cetro o anda alrededor del bastón de mando está convencido de que tiene que hacer muchas más cosas que su predecesor, que sus planes sean más sonados y que su impronta quede bien marcada.

Desde luego que a los que se les ocurrió pero también a quienes dieron el visto bueno al tema de las luces de colores que cambian de tono según el día se lucieron. Valga la redundancia. Y como muestra ahí están las reacciones en los cuatro días que llevan encendidas, ocasionando comentarios de todo tipo, incluso alguno de bastante mal gusto.

Me sorprende, además, que para llevar a cabo este disparate no haya sido necesario contar con el beneplácito de patrimonio o al menos del Ayuntamiento de León o que estos lo hayan autorizado. Sobre todo sabiendo que yo si quiero cambiar el tejado o las ventanas, reformar la fachada o el jardín de mi casa y tengo la suerte o desventura de que a alguien se le ocurrió decir que la Vía de la Plata pasaba por mi calle necesito poco menos que pedir permiso a La Zarzuela.

Igual que usted si vive en una casa que una corporación decidió catalogar en su día como bien de interés cultural y en la que hasta para cambiar las cortinas o elegir el color de las petunias del balcón tiene que solicitar conformidad. Pero resulta que llega uno y trasforma una fachada de una iglesia en la de un club de carretera y le reímos la gracia.
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