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¿Quién se acuerda de llamar desde la cabina?

¿Quién se acuerda de llamar desde la cabina?

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Toño Morala | 25/03/2019 A A
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¿Quién se acuerda de llamar desde la cabina?
Reportajes Las cabinas de telefónica han sido un símbolo y un servicio, no había teléfono en muchas casas. Primero las de ficha y después de moneda, ahora apenas se usan, también las quieren quitar en estos tiempos en los que quitan todo lo que no es rentable, hasta lo público reglamentado...
Hubo un tiempo pasado, y no hace tanto, a principios de los años sesenta y finales, donde encontrar una cabina telefónica en los barrios de las ciudades, era casi imposible, había que acercarse casi al centro para en una esquina o plaza, encontrar una cabina y a esperar que había cola… las caras de las mismas, cuando alguien se enrollaba demasiado, eran todo un poema. Algunos picaban en la puerta, pero nada que hacer, hasta que el hablante no colgara, naranjas de la china… cuando te tocaba el turno, la mayoría de veces, encima, o bien comunicaba el amigo o familiar, o bien ya no estaba la persona a la que llamabas. Estoy casi seguro que los jóvenes de hoy en día, más del ochenta por ciento, jamás han utilizado una cabina de teléfono público en calles o plazas; con los móviles táctiles y compañía, que algunos no lo apean ni para dormir, todo resuelto en un pis-pas, desde cuestiones bancarias, hasta mandar una foto para que la vea la abuela en un par de segundos; la técnica ha avanzado mucho, pero se han perdido aquellos, casi rituales, de llamada semanal a la novia –algunos, todos los días- Y como apenas había teléfonos en las casas, y no digamos en los pueblos, pues a la hora convenida bajabas a la cabina y a llamar; primero con fichas con ranura, luego con monedas, luego también se podía pagar con tarjeta. Facilidades, todas, pero parece ser que se las quiere eliminar del mobiliario urbano, pues ya no son rentables económicamente, y en este país, que algunos vendieron lo público a los grandes capitales, luego son ellos quienes ponen las condiciones. Recuerda uno, cuando una persona mayor entraba en una cabina y quería buscar un número en la guía, que en aquellos años, todas las cabinas públicas, tenían la guía de ciudad y provincia atada a una pequeña repisa, o simplemente, colgaba de una cuerdina y punto… a lo que iba, muchas personas mayores en aquellos años eran analfabetas y te pedían por favor que le buscaras el número o lo llevaba ella apuntado… metía la ficha y le marcabas… hablaban tan alto que pareciera les escuchaba al otro lado el llamado; eso sí, eran rápidas las conversaciones, salían sonriendo y te daban las gracias. Muchas veces, y sin querer, eras testigo de una emoción de cualquier persona que hablaba con un familiar muy directo, y le salían las lágrimas por los ojos y por el corazón; qué momento más especial; lo que unía el teléfono público y las cabinas. Otra de las cosas que no hay que confundir, son las cabinas con los locutorios; en los locutorios siempre había una persona al cargo y te pasaba la llamada, la mayoría eran mujeres, y cómo no, las llamaban las telefonistas y operadoras.

Pero volvamos a las cabinas, hay curiosidades y anécdotas muy sugerentes para el lector; por ejemplo, en la Revista Telefónica Española, en uno de sus números, el de septiembre de 1928, salía impresa la noticia de la instalación de los primeros teléfonos de pago previo y uso público, y se empezaron a instalar (hay que pensar que el teléfono privado solo lo tenían las gentes muy pudientes) las dos primeras “estaciones” en Madrid; una en la conocida sala “Viena Park” (hoy Florida Park) en el parque del Retiro; y era cabina, por estar al aire libre cerrada en una vitrina. Otra de las más conocidas fue en el interior del Bar Regio, en la Carrera de San Jerónimo, en la que obviamente no se precisaba de mayor protección y en el que se destacaba la posibilidad de realizar desde allí llamadas a otros países… en un cartel encima del teléfono se podía leer… “Desde este teléfono puede Vd. celebrar conferencias con toda España, Alemania, Bélgica, Inglaterra, Francia, Suiza, Portugal y Países Bajos”. Estas cabinas en la calle o bares funcionaban con fichas. Y otra curiosidad importante, la caja monedero era fabricada por Western Electric y el aparato por la Bell Telephone, ambas empresas americanas; cómo no. Era un servicio manual a través de la operadora, que era la que controlaba los tiempos de las conversaciones, y aplicaba la tarifa según los destinos de las llamadas. Una notina; 3 minutos de llamada costaba 30 céntimos en aquellos tiempos, y si te pasabas de tiempo, la operadora te invitaba a meter otra ficha.

Todas las cabinas públicas tenían la guía de la ciudad y provincia atada a una pequeña repisa Pero hay que salir también fuera para enterarnos de algo más de la vida. Dicen los papeles de la época, que tras varias pruebas, el primer teléfono público del mundo se instaló en un banco de Hartford (Connecticut), fue en 1889; la causa fue rotunda: William Grey, cuando enfermó su mujer, nadie de la familia tenía teléfono y tuvo que recorrer almacenes y establecimientos pidiendo llamar sin éxito. Y le salió del alma el crear toda una red de cabinas públicas en las calles principales de las poblaciones; Gray fundó una compañía y en tres años había instalado más de 80.000 aparatos; hay que nacer con estrella, en el momento justo, y con la valentía propia de los aventureros. Así se forjaron grandes fortunas con una cosa tan, aparentemente fácil, como es una cabina de teléfono. En el diseño patentado por Grey, las monedas de diferentes valores bajaban por conductos separados en los que hacían sonar las campanas y gongs que el operador podría oír para verificar el pago. A diferencia de los teléfonos de pago actuales, los clientes que utilizaban el teléfono público antiguo pagarían después de usarlo, en lugar de antes. Era esencialmente un «sistema de honor» donde, después de su uso, el usuario podría insertar el precio de la llamada y el operador podría oír si se utilizó la cantidad adecuada.

No había teléfonos en las casas, pues a la hora convenida bajabas a la cabina y a llamar Pero hay que volver a nuestro país, donde este monopolio lo tenía el Estado y era uno de los más rentables, hasta que empezaron las privatizaciones, y han dejado en manos de empresas privadas, cosas tan importantes como las comunicaciones, la energía… y un buen montón más. Y tenemos que escribir algo de cómo se fabricaban las cabinas, en dónde, quién las instalaba, en qué lugares… Pasamos del carpintero y cristalero local, a una empresa de Alicante que se llamaba Aluminio Ibérico, luego tuvo otros nombres, fusiones, etc. Fue una empresa pionera durante muchos años, llegando a tener a cerca de 2.000 trabajadores en las distintas plantas de laminación y fabricados en aluminio. Y en esta empresa se fabricaban desde los años 60 las cabinas telefónicas que luego se repartían por todo el país. Y de la fabricación de los teléfonos… en sus primeros tiempos, Telefónica estuvo bajo el control de la estadounidense ITT. Y uno de sus primeros objetivos estratégicos fue la instalación de 400.000 teléfonos en España. Entre los primeros terminales estuvo el llamado Microplastón. Según explica el profesor Ángel Calvo en su libro Historia de Telefónica, “ITT garantizó una ilimitada disponibilidad de material y equipos por sus privilegiadas posiciones en el sector a través de International Standard Electric. En 1926, se creó en Madrid Standard Eléctrica, responsable durante años de la fabricación de numerosos equipos de telefonía y otros para España”. Aquí y en Europa, la telefonía vivió años duros con las guerras, lo que hizo que se frenara su crecimiento; después de esos años terribles, aquí, Telefónica retomó de nuevo, llegando en 1953, al millón de teléfonos instalados. En la década de los sesenta, el teléfono empieza a dejar de ser un artículo de lujo y su instalación comienza a generalizarse, y ya en los barrios y pueblos medianos, ya tenían sus cabinas. En esos años, el teléfono estrella era el modelo Heraldo, fabricado en varios colores tanto de sobremesa como de pared. Estaba diseñado para su conexión a sistemas automáticos o manuales de batería central y podía ir dotado de regulación automática de transmisión. A finales de los sesenta aparece el modelo Góndola que convive con el Heraldo durante unos años, y que se hace muy popular en los hogares españoles en las siguientes dos décadas por su innovador diseño. Técnicamente no es más que un teléfono “Heraldo comprimido”, pues es más pequeño y compacto que sus predecesores, aunque tiene la particularidad de tener el dial en el auricular. Y ahora, si tienen que llamar desde una cabina… haberla hayla, pero hay que encontrarla.
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