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Que Sama de Langreo no se conquista con un palillo

Que Sama de Langreo no se conquista con un palillo

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Fulgencio Fernández | 03/03/2019 A A
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Que Sama de Langreo no se conquista con un palillo
La historia de la semana Sergio ‘El Pana’ de La Vecilla se encontró con una fama que ni había soñado, ni buscado, por hacerse la foto del DNI con un palillo... Pero no ha tenido buena semana, el lunes fue a la tele a buscar novia y la asturiana Itziar le dio calabazas... y sabiendo que lleva tatuado el escudo del Real Madrid (0-3)
En León somos tan simples que al hijo del panadero le llamamos Pana, al ambulante del pescado Pesca y similares. Y así Sergio El Pana de La Vecilla, un buen tipo, majo, buena gente a decir de los que le conocen, currante en un taller de coches y de esa raza de los que siempre llevan un palillo en la boca, que hubo muchos y algunos quedan, se vio de buenas a primeras convertido en una especie de Belén Esteban porque pilló despistado al funcionario de los carnets de identidad y salió en la fotografía con su tradicional palillo entre los dientes.

La cosa no parecía que tuviera mucho más recorrido que una simple anécdota, para un recuadro o un reportajillo, pero no se sabe si pilló días en los que era necesario darle espacio a algo que no fuera el Procés, Franco, el Valle de los Caídos, Abascal y la madre que los parió y Sergio recorrió los platós de las televisiones como si estuviera de reparto con la furgoneta de la panadería familiar en La Vecilla. Repitió una y otra vez que había sido una apuesta, demostró que se podía beber un cuba-libre sin quitarte el palillo de la boca y hasta le pedían opinión de lo más insólito... Estando las municipales a la vuelta de la esquina ya los había que se temían lo inevitable.
Pero no. El desembarco ¿final? fue en un programa de citas a ciegas, se trataba de probar si aquel palillo acababa por traerle la mujer de su vida. Y apareció el lunes en una cosa que se llama First Dates y donde sentaron al leonés a cenar con una joven bachiller asturiana, Itziar, que no debía estar muy al tanto del récord de su pretendiente pues ni se había dado cuenta de que lucía su inseparable palillo.

Vaya por delante, el palillo no conquistó a la rapaza de Sama de Langreo, a la que nunca se vio en buen disposición, todo hay que decirlo. No encontraban puntos en común, más allá de la juventud (19 años ella, 25 él); tímida ella, hasta el punto de no atreverse a entrar sola en los lugares públicos, bregado en todos los platós él por el asunto del palillo; fiel a Harry Potter ella y él al Real Madrid, tanto que parece que lleva tatuado su escudo... Parecía que la semana no era la más apropiada para el bueno de Sergio, con el miércoles a la vuelta de la esquina.

El último intento fue por ‘la panza’, ya se sabe, que la cocina es ahora otro mundo de moda. Les pusieron pasta para cenar.

- Donde esté un buen cachopo; dijo el leonés.
- No me gusta; sentenció ella.

Fin. No hubo segunda cita. Palillo y se acabó, que diría Don Cicuta.
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