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¡Qué buenos eran! ¿Qué fue de ellos? Las joyas perdidas

¡Qué buenos eran! ¿Qué fue de ellos? Las joyas perdidas

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Fulgencio Fernández | 28/05/2020 A A
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¡Qué buenos eran! ¿Qué fue de ellos? Las joyas perdidas
Lucha leonesa Muchos luchadores no consumaron una brillante carrera por circunstancias muy variadas, que no siempre son las lesiones
Ocurre en muchos corros. Llega un veterano luchador, o no tanto, y alguien comenta: «Está ahí... ¡qué bueno era! ¿porqué lo habrá dejado?» y la conversación suele girar hacia luchadores que apuntaban a carreras muy brillantes y no las consumaron, aunque sí hicieran cosas importantes.

Por ejemplo, Iván Alonso, El Menudín de Valdefresno, un luchador que está en la historia de este deporte pues ganó dos Ligas pero todo buen aficionado sabe que debía ser un gallo de ligeros durante muchos años y se alejó de los corros por diversos motivos personales. Otro luchador que siempre sale en este tipo de conversaciones es Antonio García, Toño el de Santibáñez, otro que se alejó muy joven cuando estaba llamado a grandes empresas.

No en vano cuando a Clemente le preguntan por su rival más duro siempre cita a Iván El Menudín y cuando le preguntan a Ernesto nunca deja de citar a Toño el de Santibáñez.

Dolieron mucho a los aficionados alejamientos voluntarios como los de ‘El Menudín’ o Toño García  Incluso hay uno que llevaba el apodo de ‘La Joya Perdida’, de Taranilla. No es otro que Pedro Rodríguez Mancebo, una víctima más de aquellos tiempos en los que sólo había tres categorías y dar el salto de medios a pesados con poco peso era un verdadero tormento para buenos luchadores como Pedro Mancebo, Vicente Álvarez, el hermano de Julio El Helicoptero, Jorge Yugueros —que sí llegó después a luchar en semipesados— o Alvarito el de Boñar. Tiempo antes lo habían sufrido los David y Paco González, de Barrillos de Curueño, muy buenos luchadores pero con poco peso parva medirse en pesados a los Miguel, Rambo, Ramiro el de Viego, Julio...

En muchos casos la paulatina desaparición de los corros estuvo ligada a la tradición, ha habido muchos luchadores a los que solamente llamaban la atención algunos corros vinculados a su tierra o a sus gustos. Hay un caso histórico muy curioso, Quintín Martínez, El Gladiador Romano de Acebedo, un grande al que le costaba mucho trabajo bajar más abajo de Cistierna para agarrarse al cinto, lo que le privó de muchas victorias. Se dice que una vez bajo a Mansilla y poco más.

Falta de peso, lesiones y motivos laborales están detrás del grupo más numeroso de abandonos Algo parecido hacían los hermanos de Cerezal, de Corcos, a los que gustaban los corros de su comarca, que eran pocos, y los de Quintana y Sahechores de Rueda y Mansilla de las Mulas. Lamentaban los aficionados que no fueran a más corros pues daban espectáculo, especialmente trabando medianas, no en vano su apodo heredado de uno para otro, desde Daniel a Jesús, era ‘El Rey de la Mediana’, que compartían con otro que sufrió mucho con la diferencia de peso, en este caso en ligeros, como fue Luis Cano, Chispi de Sahechores. Lo mismo le ocurrió a Víctor Oblanca, al que siempre castigó su falta de peso y se fue alejando de los corros.

Los motivos laborales o vivir lejos de León está detrás de muchas desapariciones de los corros, como ocurrió con Amable, el de Liegos, que pasó de «luchador revelación» a no aparecer más que en el corro de su pueblo, y poco más, igual que su hermano César. La distancia también alejó a gente como Chencho y Agustín Escanciano o Unai Iglesias, otro excelente luchador al que vivir en el País Vasco le privó de alguna liga (al no luchar todos los corros) y su ingreso en el Ejército le supuso el adiós definitivo.

Uno de los luchadores que caló más hondo en la afición en poco tiempo fue Toño González, El Vaquero de Trascastro, un tipo tan fuerte como noble, ganadero. Y con el ganado se fue a Extremadura y se alejó... ahora acompaña a su hijo, que apunta muy buenas maneras.

Unai se fue al Ejército, a la Guardia Civil otros como Óscar Viñuela, de Garrafe, o Luis Ángel el de La Virgen, se fueron a la Guardia Civil y también acabaron lejos de la lucha leonesa.

Y los peores casos son, por supuesto, las lesiones. Un ejemplo podía ser Alfredo Olmo, de Valle de Mansilla, que el mismo día que ganó su primer corro tuvo una grave lesión de rodilla que le llevó a tomar la decisión de alejarse. O David González, Davizuco de La Vecilla, al que aquella grave lesión el Lillo le dejó fuera de combate, cuando estaba en su mejor momento y los aficionados estaban disfrutando mucho en sus duelos con Clemente El Junco.

Hay muchos más, en todos los apartados, joyas perdidas que nos han privado de muchos momentos de gran lucha.
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