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Pudiente, ¿yo?

Pudiente, ¿yo?

OPINIóN IR

28/09/2021 A A
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Pudiente, ¿yo?
Me acaban de apellidar pudiente desde un salón de plenos, aupándome a un escalón que nunca he ocupado solo por tener la vena verde más inflada que muchos otros sus intenciones. Así de separados están allí del segmento al que doy voz. Somos esos currantes entrados en los 40 que se han remangado media vida para dejarse la piel con honestidad a cambio de una nómina que no ha servido para costear lujos. Y manejan el argumentario quienes no han hecho una reflexión de mirarse al espejo antes, no ya físico, sino también político. Porque justifican el adjetivo en haber pagado o emprestado un vehículo limpio. Y no se sonrojan al haber hipotecado a Ponferrada a tener otros 20 años de gasoil humeando desde sus autobuses en tiempos de transición justa. No, la pudiente es la hormiguita que, por conciencia social, no ha podido por más que quitarse cualquier lujo para rellenar, billetín a billetín el coste de un coche que el único beneficio que ofrece es contaminar menos. Y sueño con que el siguiente sea eléctrico. Sueño y obligación, porque no saben esos gobernantes locales que hilan fino al tirar de las riquezas del otro que nos quedan menos de dos décadas para tener que sentenciar los motores de combustión. Esos que dejan cada año siete millones de enfermos por la polución generada, tal vez escogidos de entre los pobres. Nací con una montaña de carbón en casa, algo de lo que no se podía presumir turísticamente. Vi la ropa colgada en los tendales oscurecerse al son del aire que movía aquel polvo negro que hacía a Ponferrada esconder bajo la alfombra las repercusiones de la ciudad del dólar. Aplaudí su retirada y todos los proyectos que acabaran con el latiguillo de reducción de emisiones. Y luché cada céntimo que supuso sumarme a la tecnología que restara del aliento de mis convecinos medio gramo de NOx . Pero quienes replican las siglas que gobiernan en Madrid no tienen el más mínimo cuidado en invertir en tecnología limpia, y para los del eléctrico, como buenos pudientes, beneficios los justos. Ni como símbolo para reconocer un esfuerzo que tildan de vicio pueden llegar a premiar ese gesto. La respuesta es presumir de Ciuden y llamar pudiente al comprometido que cuando pisa piensa en que su huella sea recuerdo y no carbono.
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