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Postales desde el parque (X): 800 años

Postales desde el parque (X): 800 años

RETABLO DE FOTóGRAFOS IR

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Agustín Berrueta | 04/09/2018 A A
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Postales desde el parque (X): 800 años
Retablo de fotógrafos Esta es la propuesta semanal de Agustín Berrueta en la contraportada de La Nueva Crónica, que este verano se convierte en un retablo de fotógrafos, en una mirada actual al mundo a través del objetivo
En 2018, la Universidad de Salamanca celebra su octavo centenario. Es la más antigua de España en activo y la primera de Europa en crear una Biblioteca propia. También tuvo las primeras alumnas universitarias: Beatriz Galindo 'La Latina', consejera de Isabel La Católica y preceptora de sus hijas, y Lucía de Medrano, la primera mujer en dar clases en una universidad española.

Por algo se dice que «a aprender, a Salamanca»: por sus aulas han pasado, como alumnos o como profesores, conquistadores, literatos, sabios y santos (Hernán Cortés, Fernando de Rojas, Góngora, Calderón, Nebrija, Torres Villarroel, Fray Luis de León, Juan de la Cruz, Unamuno) y hasta el diablo, según cuenta la leyenda de La Cueva de Salamanca que recogió Cervantes quien, en El Licenciado Vidriera, se refirió al embrujo que produce Salamanca «que enhechiza la voluntad de volver a ella».

Algunas tradiciones se han convertido ya en frases hechas: los estudiantes velaban «en capilla» antes del examen final, del cual salían a hombros «por la Puerta Grande» o por la de los carros, según fuera el resultado. Lo del Lunes de Aguas lo dejo para otro día, que no es apto para todos los públicos.

Modestamente , yo también pasé por las aulas y por las cuevas de Salamanca, y no sabría decir en cuáles de ellas aprendí más. Obviamente, no conocí a ninguno de esos insignes personajes, pero sí a otros como Antonio, el jefe de La Covachuela, que lanzaba las monedas al aire desde la bandeja para que fuesen a caer en el bolsillo de su chaquetilla al tiempo que proclamaba: “París será Paris, ¡pero il n’y a pas de Covachuelá!”. También pasé muchas horas -y aprendí mucho- en la cafetería La Latina, donde sonaban, noche y día, los discos que nos hacían sentir inmortales.

PS: Gracias a Carlos González por la colaboración fotográfica.
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