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Pedagogía del virus

Pedagogía del virus

OPINIóN IR

01/12/2020 A A
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Pedagogía del virus
La epidemia china que se ha extendido por todo el planeta de forma inexorable ha dejado al descubierto toda una falacia global que se ha visto plasmada en dos aspectos: a) la ineficacia de los gestores políticos y b) la debilidad del civismo de ciertos sectores de la población.

El virus asesino ha dejado en paños menores la tan cacareada globalidad de una sociedad sumergida en un mercado sin corazón que se dice ‘sostenible’ y que sólo obedece a la acumulación de beneficios millonarios sin contrapartidas correctoras que embriden el caos que amenaza a la humanidad.

Se trata de un virus selectivo e inteligente que parece tener fijados sus objetivos en determinados sectores que constituyen vectores de contagio aprovechando el ocio y el hedonismo de unas juventudes desconsideradas que no les importa que la vida de sus mayores desaparezca y así destruir el soporte de una sociedad que está amenazada en su estructura y desarrollo.

Este virus ha dejado patente que aquellos que tienen la manija de la gestión de los problemas han conseguido el máximo nivel de incompetencia y se han diplomado en encerrar las poblaciones sin organización y sistemas sanitarios eficaces para defenderse de una epidemia y de otras futuras, consiguiendo ser expertos en acotar libertades ciudadanas y dar la nota en mentiras y desinformación, ausencia de protocolos de comportamientos respecto a las áreas sanitaria, económica y empresarial, despreciando la competencia de los profesionales de todo tipo, especialmente sanitarios.

La sociedad en general ha ofrecido su colaboración asumiendo las normas con alto grado de cumplimiento con excepción de algunos sectores que han dejado patente su mala educación y que se volverá contra ellos en un futuro muy próximo.

Esta epidemia ha dejado al aire cuestiones importantes que se derivan de las reflexiones que realizamos y que sólo muestran una parte del enorme problema que ha dejado al aire el bichito y que ya se venía atisbando en el horizonte sociológico.

Esta sociedad hedonista adora el becerro de oro de disfrutar el momento, el lujo, el ocio ante todo, el consumo sin moderación, la eterna juventud de la apariencia, la adquisición de bienes de consumo y tiene como modelos ídolos poco recomendables.

La experiencia de sus mayores, la sabiduría, la cultura, la educación están en cotización baja y eso traerá consecuencias importantes para sostener una vida moderna sólida.

El papá Estado debería corregir esa deriva pero no confiamos que lo haga y como siempre será la sociedad civil, la actividad privada la que marcará otro rumbo diferente que se centre en el civismo ciudadano y la competencia de los que pueden aportar algo más relevante para que todos gocemos, al menos, de una vida más acorde con los postulados de unos valores humanos que hoy están arrinconados a favor de no se sabe qué intenciones ideológicas o extrañas que incluso los que marcan la tendencia no se aclaran por su demostrada incompetencia.

Cuando en un país un futbolero es un potentado, un presentador de TV está forrado y un investigador malvive, este país está condenado al servilismo de los que inventan, reforman y emprenden.
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