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Paco el pastor: "En tantas horas de soledad la cabeza trabaja mucho"

Paco el pastor: "En tantas horas de soledad la cabeza trabaja mucho"

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Paco con su compañía más habitual en el día a día, la soledad y los careas, \ Ampliar imagen Paco con su compañía más habitual en el día a día, la soledad y los careas, \"si todos fuéramos tan listos como estos perros...\". | MAURICIO PEÑA
Fulgencio Fernández | 05/07/2020 A A
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Paco el pastor: "En tantas horas de soledad la cabeza trabaja mucho"
LNC Verano Paco el pastor de la majada de Las Pintas, un sabio en lo suyo que ve cómo su rebaño forma parte de una investigación para demostrar lo que él ya sabe
Paco Morgado es pastor de raza. Más de cuarenta años en el oficio. Extremeño trashumante con majada muchos años en Maraña y ahora en los puertos de Salamón (Las Pintas) y Lois (Vioba). Un sabio en lo suyo. «No he hecho otra cosa, primero fui pastor y ahora el rebaño ya es mío, 1100 ovejas ahora. Me gusta este oficio».

Ernestine Ludeke es alemana. Lo parece por lo rubia y rotunda, pero no en la socarronería que maneja, muy del sur donde vive. En la Expo del 92 en Sevilla era la encargada del área cultural del Pabellón de Alemania, allí conoció al Comisario general para la participación de Alemania, Hans-Gerd Neglein, y se quedaron los dos. Acababa de nacer un proyecto común que hoy se llama Fundación Monte Mediterráneo, con una gran dehesa en Huelva donde se habla y practica la agricultura y ganadería ecológica y sostenible; también se impulsan proyectos como el que ya hace varios años que trae a Ludeke a León, vinculado a la trashumancia, que llevan estudiando desde 2010.

Uno de estos proyectos, junto a el Grupo Operativo Ovinnova, consiste en «colocar collares GPS a machos y ovejas para realizar el seguimiento y monitoreo de su actividad diaria».

Y ahí se unen los dos caminos pues el rebaño elegido es el de Paco Morgado, en Las Pintas y Vioba.

Y la conversación que surge cuando Paco y Ernestine se juntan en la majada es una gozada, son como las conversaciones entre la ciencia y la experiencia, hablan de lo mismo pero en diferentes idiomas.

- Mira Paco, este pequeño cercado de alambre es para demostrar que si dejas crecer la hierba a su albedrío, sin la presencia de rebaños, las hierbas malas son las que más crecen, se quedan solas, toman el monte, como se ve aquí; pero si hay rebaños...

- Pues si hay rebaños, como las ovejas no son tontas, primero comen las hierbas buenas, después las menos buenas y finalmente las malas; y cuando se marchan dejan la pradera limpia y abonada, para otro año.

Después mira al horizonte de la majada, hasta la peña: «Mira ‘alemana’, hace cuatro años cuando vine la primera vez a Las Pintas todo esto que ves era puro brezo, maleza, malas hierbas... ahora es todo pasto, y lo han hecho las ovejas».

- Pues eso es lo que hay que demostrar; le insiste Ernestine, a la que Paco llama ‘la alemana’ con retranca cuando le cuenta estas cosas.
- ¿Como qué hay que demostrar? ¿Pero eso quién lo duda? Eso ha sido así toda la vida.
- Eso lo sabes tú, pero hay que escribirlo, hay que estudiarlo para poderlo demostrar.
- ¿Pero qué gente estudiada es esa que no sabe todas estas cosas?

Paco sonríe y Ernestine también pues sabe que el pastor lleva sus argumentos al límite, por lo que le lanza un órdago.

- Pues vienes a la Universidad conmigo y se lo cuentas.
- Yo no les cuento nada, se lo cuentas tú si quieres.

El camino por la majada es una constante demostración de ese diálogo entre la ciencia y la experiencia, Ernestine le va preguntando por todo lo que ve y Paco va dejando lecciones en el aire.

- ¿Y estas flores?
- Aquí las comen las ovejas; allá (en Extremadura) las usamos para sazonar las aceitunas, le dan un sabor muy rico.
- ¿Y tú como sabes tantas cosas?
- Porque son muchos años y muchas horas de soledad; y en todas esas horas los ojos ven muchas cosas y la cabeza trabaja mucho.

Y remata con una sonrisa inconfundible, le chispean unos ojos también inconfundibles.

Y eso que Ernestine Ludeke no es, ni mucho menos, una teórica de despacho. Hace de todo en la dehesa San Francisco que es sede de la Fundación Monte Mediterráneo, que preside; sigue de cerca los proyectos que apadrina, se implica en ellos pero también es consciente de que cuando Paco habla de lo suyo «lo mejor es escucharle... y si lograra que fuera a contar».

- ¿Contar el qué?
- Los beneficios del pastoreo y los rebaños, la trashumancia, por ejemplo para combatir el fuego...
- Pero ¿qué gente es esa que no sabe estas cosas?

Y Paco se queda solo en la majada, en su caseta, se sienten los ladridos roncos de 12 mastines que cuidan el rebaño y nos regala la última lección. «Ponte en lo más alto, no te muevas, déjalos que se acerquen, te olerán y se van con el rebaño».
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