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Pablo Herrero: "Mi generación no merece terminar de esta manera"

Pablo Herrero: "Mi generación no merece terminar de esta manera"

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Joaquín Revuelta | 08/05/2020 A A
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Pablo Herrero: "Mi generación no merece terminar de esta manera"
Música El excomponente de la mítica banda Los Relámpagos y co-autor junto a José Luis Armenteros de más de setecientas canciones, se lamenta del triste final de una generación que contribuyó a levantar el país y a la que ha rendido tributo en una de sus últimas composiciones
Conversar con el gran compositor Pablo Herrero, teclista del legendario grupo Los Relámpagos y co-autor junto con José Luis Armenteros, guitarrista de la banda, de más de setecientas canciones que, en muchos casos, forman parte de la banda sonora sentimental de varias generaciones de españoles, supone para este cronista regresar a un territorio especialmente querido, el de la adolescencia y juventud, cuyo recuerdo se agiganta en estos tiempos de angustia e incertidumbre. Tenía verdaderas ganas de volver a charlar con él de canciones como ‘Libre’, que inmortalizara la voz de Nino Bravo, o ‘Te quiero abrazar’, a la que pusiera un enorme sentimiento José Luis Rodríguez ‘El Puma’, canciones cuyas letras hoy cobran una nueva lectura en estos tiempos de confinamiento y restricción de las muestras de afecto. También quería saber sobre su estado, pues Herrero, a sus 77 años, pertenece a esa población de riesgo con la que se ha cebado el Covid 19, más viviendo en Madrid, uno de los mayores focos de la actual pandemia. Pero al otro lado del teléfono sigue sonando esa voz fuerte y reconocible de un Músico con mayúscula que durante la conversación me descubrió otra de sus memorables creaciones, por desgracia ya sin su socio de toda la vida, José Luis Armenteros, fallecido en 2016, que con el título ‘La generación dorada’ rinde tributo a los hombres y mujeres que levantaron este país tras la guerra civil y que por falta de previsión y pésima gestión se han ido, como dice Herrero, «por la puerta de atrás».

Pablo Herrero se considera un privilegiado por vivir en una casa de campo en la zona de La Navata que le permite moverse por el jardín y llevar a cabo en su estudio labores de composición, tarea en la que estos días se encuentra inmerso, aunque con resultados hasta ahora insatisfactorios. «Te mentí respecto a la canción que te dije ayer que la iba a terminar, no solo no la he terminado sino que no sé cómo seguir», confiesa uno de los compositores más prolíficos del panorama nacional, confesión que puede sorprender en una personalidad como Pablo Herrero, pero que el músico justifica asegurando que «las canciones no son matemáticas, que llega un momento en que tú quieres una cosa y la canción pide otra, y entonces tienes que llegar a un compromiso, si es que lo consigues, y si no lo que me pasó ayer, que la dejé y ya nos volveremos a encontrar en otro momento».

Herrero reconoce que la inspiración en su caso ha adoptado distintas casuísticas. «Ha habido canciones estupendas que me han salido en media hora, música y letra; otras en las que me he tenido que levantar de noche y hasta que no la he escrito no he podido volver a dormir a riesgo de que se me olvidara, y otras como la de ayer, que he tenido que dejarla aparcada», sostiene el excomponente de Los Relámpagos, para quien «las canciones tienden a escaparse, a diluirse, a perderse, y entonces tienes que hacer un esfuerzo importante para retenerlas».

Pablo Herrero confiesa que de un tiempo para acá solo compone para él y para sus amigos, con alguna excepción como el encargo de un himno para un pueblo de Extremadura, pero nada que ver con la vorágine compositiva de los años setenta y ochenta. «Yo he vivido muchos años cogiendo aviones de aquí para América y eso ya se acabó», sentencia el compositor, que desde hace algunos años milita en un grupo formado por otros músicos de su generación que militaron en conocidas bandas y que se hacen llamar Trastos Viejos, una banda para la que Herrero ha creado temas originales con el mismo nivel de exigencia pero sin los medios de los que antes disponía. «Yo tenía a mi disposición todo el tiempo del mundo, cada hora de ese tiempo costaba un montón de dinero, y unos estudios maravillosos. Ahora dispongo de un ordenador en mi casa y lo hago todo yo. Tratas de hacer bien las cosas pero sin el nivel de exigencia máximo que te marcabas a la hora de presentar tu trabajo en una compañía que te pagaba por ello».

Pablo Herrero vivió hace cuatro años el duro golpe de perder a su socio, como él define a José Luis Armenteros, con el que compuso temas que han quedado en la memoria de varias generaciones de españoles, caso de ‘Un beso y una flor’ o ‘Libre’, para Nino Bravo; ‘Como una ola’, para Rocío Jurado; ‘Libertad sin ira’, para Jarcha, o ‘Eva María’ y ‘La fiesta de Blas’, para Fórmula V, entre otros muchos. «La muerte de José Luis significó un bajón sobre todo anímico, porque ha sido mi socio de 50 años, con lo cual hemos compartido un montonazo de discos, muchísimas sesiones de estudio... Tras su muerte no tenía ganas de hacer nada, pero al final vuelves porque es una necesidad, porque a mis 77 años no me veo jugando al dominó en el café o a la petanca con mis amigos. Volver a la música ha sido también un bálsamo en este caso porque también me ha ayudado a ir superando todo».

Más de setecientas canciones de la dupla Armenteros-Herrero se encuentran registradas en la Sgae, una vida de trabajo que Herrero no lo ve como tal. «Para nosotros el trabajo era disfrute. Cuando disfrutas con lo que haces no lo tomas como un trabajo, lo tomas como un divertimento y encima te pagan por hacer eso, qué bien».

Uno de los motivos de la llamada a Pablo Herrero era comentar con el músico el papel que están jugando algunas canciones en este periodo excepcional que nos está tocando vivir, temas como ‘Resistiré’, de Manuel de la Calva y Ramón Arcusa, el Dúo Dinámico, que refleja como pocas este tiempo de resistencia y confinamiento, o ‘Libre’, composición propia, que puede llegar a tomar el relevo cuando pasemos a otra fase algo más benevolente y recuperemos ese sentimiento de libertad, que está siempre muy presente en las composiciones de la gran dupla. «Me ha gustado mucho que ‘Resistiré’, una canción muy bonita del Dúo Dinámico que se había quedado ahí un poco olvidada, haya provocado esa eclosión y hoy esté en boca de todos. La libertad que nosotros reclamábamos entonces estaba motivada por otras cosas, como tú ya sabes. Estábamos en plena dictadura y la libertad era un valor incalculable porque no se disponía de ella. Yo había viajado a algunos países europeos y había visto que los parámetros en los que la gente se movía no eran los parámetros en los que nos movíamos nosotros en España, precisamente por una represión que había muy importante. Ahora la libertad es para salir de casa, que como puedes comprender no tiene nada que ver», sostiene Herrero, cuyas canciones también hablan de las expresiones afectivas, del contacto humano que el coronavirus ahora no nos permite materializar, o canciones del verano como ‘Eva María’ o ‘La fiesta de Blas’ que evocan mejores tiempos para el esparcimiento. «Aquello era la inocencia y la inconsciencia de la juventud. Ahora no te vas a besar con una chica con mascarilla», sonríe Herrero, para quien los veranos eran sinónimo de «socializar, conocer gente, una invitación a la fiesta y a la alegría. Ahora yo dudo mucho que esa alegría no sea impostada, porque lo que está pasando es muy fuerte. Hoy he escuchado la noticia de 15.000 ancianos fallecidos en residencias de mayores. Cuando digo ancianos, estoy incluyéndome. No pienses que digo son ellos, yo también. Entonces piensas que está generación que ha sufrido muchísimo con la dictadura, que ha tenido que levantar este país, que en la recesión anterior tuvo que acoger a sus hijos y a sus nietos para echar una mano, no merece terminar de esta manera. Algo hemos hecho muy mal. Una de mis últimas canciones, que se llama ‘La generación dorada’, habla de esto, habla de nosotros, la generación que hizo tanto y ha recibido a cambio tan poco», sostiene el compositor, que cree que «viendo lo que está pasando con los mayores te cuesta mantener la alegría y mantener el tipo, porque yo formo parte de ese colectivo de riesgo y en esa lotería también puede tocarme a mí, con lo cual dices, qué pena que esta generación que ha hecho tanto se tenga que ir por la puerta de atrás y de esta manera».

Creador junto con Armenteros de ‘Libertad sin ira’, considerado por muchos el himno de la Transición, el espíritu de aquella época difiere mucho del actual clima político marcado por una absoluta falta de entendimiento. «No tiene nada que ver. Ahora mismo se necesitaría que los políticos actuales se pudieran meter en las botas de aquellos. Si pudieron ponerse de acuerdo por un momento y en algo Adolfo Suárez, Felipe González o Santiago Carrillo es porque deseaban llegar todos juntos a una meta. Ahora mismo no vamos a llegar a ningún sitio y en la pelea se va a desgastar el sistema político tanto que no me extrañaría que la gente termine por darle literalmente la espalda. No entiendo que ante problemas de Estado, de país, no se pongan de acuerdo, no lo entiendo. No es el momento de pedir cuentas sino de resolver los problemas y vamos a tener un problema económico que va a causar tanto daño como ha causado ya el coronavirus, si no más».

Autor de la preciosa canción ‘Venezuela’, considerada en ese país como su ‘himno no oficial’, a Pablo Herrero le duele cuando se habla con cierto menosprecio de esa nación por parte de determinados colectivos sociales. «Claro que me duele, pero no es la Venezuela que yo conocí. Dicho esto, la gente de Venezuela es maravillosa. La gente es la que conforma un país, no los pasquines turísticos ni políticos».

Pablo Herrero sigue en contacto con el resto de compañeros que conforman el grupo Trastos Viejos, que antes de decretarse el estado de alarma mantenían reuniones dos veces a la semana, los lunes y los jueves, para ensayar y merendar juntos. «El local de ensayo lo tenemos en Alcorcón, que ahora está cerrado y no se sabe cuando abrirá. Tenemos mono de volver a juntarnos porque nosotros además hacemos una cosa muy buena que es una reunión músico-gastronómica. Nos juntamos para ensayar y para merendar, y probablemente sea más importante lo segundo que lo primero. Nos llevamos muy bien, la verdad es esta, y como ya no tenemos ningún tipo de ambición de nada, pues lo que cuenta ahora es divertirse. Ya dijimos que no queríamos actuar por actuar porque tenemos muchos años y no tenemos quien nos lleve los instrumentos. Solo estamos dispuestos para cualquier gala benéfica, como para los niños con síndrome de Down. A eso no nos podemos negar, pero para más gloria del ego propio ya no. Dejamos de actuar en la sala Moby Dick porque salías a las tantas y tenías que cargar un camión con los instrumentos y ya no estamos para esos trotes», comenta Herrero, que vuelve a demostrar su humildad cuando le pregunto el por qué tanto él como Armenteros no han recibido el reconocimiento social que realmente merecen ante el impresionante legado musical que han dejado a tantas generaciones. «Yo la verdad es que no he pensado nunca en ningún reconocimiento. Tampoco creo que sea necesario. Para nosotros ha sido nuestra vida hacer lo que hicimos. Si encima a la gente le ha gustado ya nos sentimos totalmente recompensados. La gente que precisa del reconocimiento es la gente que está combatiendo el virus en primera línea. Nosotros no, para nada. Tan solo hemos sido artesanos de lo nuestro. Cuando el destino repartió las cartas a nosotros nos tocó estas. Nada más y nada menos», señala Pablo Herrero.

Si es como dice, está claro que José Luis Armenteros y Pablo Herrero han sabido jugarlas y de qué manera. Hay pocas parejas que hayan entendido el juego musical como estos dos grandes compositores, cuyas canciones no solo han sido el reflejo de un momento social sino que han trascendido al pasar de generación en generación.
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