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Olleros, donde bajan la cuesta que sube

Olleros, donde bajan la cuesta que sube

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Fulgencio Fernández | 08/11/2020 A A
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Olleros, donde bajan la cuesta que sube
La historia de la semana En Olleros de Alba se produce un curioso fenómeno de coches que en punto muerto "suben la cuesta", ¿qué ocurre?
En la carretera que une La Robla y La Madgdalena hay un tramo en el que lleva abierto mucho tiempo un curioso debate en el que llega a hablarse de «fenómenos paranormales» o una especie de «milagro», según quien lo cuente.

Es en un tramo de la carretera ‘vieja’ que atraviesa la localidad de Olleros de Alba; ‘vieja’ pues se ha realizado una variante que evita a los conductores atravesar el pueblo y por tanto ha disminuido la intensidad del debate abierto sobre este fenómeno.

Ocurre a la salida del pueblo —yendo de La Robla hacia La Magdalena— a la altura de la ermita de Entresierra, después de la serpenteante ascensión del pueblo. En este tramo de la carretera, que para la vista es claramente una subida, resulta que los coches en punto muerto siguen ascendiendo, desafiando todas las leyes de la gravedad en particular y de la física en general.

Los escépticos lo solucionan afirmando que se trata de «un efecto óptico» de la carretera, al estar el ojo acostumbrado a la subida tiene la sensación de seguir subiendo. Pero se te detienes, le das un tiempo, y sigue pareciendo una subida.

No faltan quienes prefieren creer en una leyenda de la comarca, más bien de creyentes, según la cual lo que ocurre es «un influjo de atracción» que ejerce la ermita y es ésa la fuerza que mueve el coche.

El debate no parece tener respuesta cierta. Hace unos años un programa de televisión acudió al lugar con aparatos, físicos expertos y toda la parafernalia para llegar a la conclusión de que «todo puede ser».

Un vecino que me ve hacer fotos se acerca. «¿Es por lo de los coches que suben la cuesta?».

- Sí ¿Usted que cree que pasa?
- Pues que antes, cuando pasaba la carretera, se detenía mucha gente, daban conversación y hasta tomaban algo. Ahora la carretera pasa lejos y ‘picáis’ muy pocos, nadie entra.
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