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Noemí Sabugal: "Es trágico que no se haya celebrado el juicio de Tabliza"

Noemí Sabugal: "Es trágico que no se haya celebrado el juicio de Tabliza"

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Fulgencio Fernández | 30/06/2021 A A
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Noemí Sabugal: "Es trágico que no se haya celebrado el juicio de Tabliza"
Minería La leonesa Noemí Sabugal sigue recogiendo los frutos del exhaustivo trabajo de documentación y el fuerte componente literario de las historias del final de la minería, que llevó a las páginas de ‘Hijos del carbón’. Sobre ello conversa este miércoles en el ILC (19 horas) con David Rubio
La periodista leonesa Noemí Sabugal (Santa Lucía de Gordón, 1979) iba construyendo una sólida y reconocida carrera literaria desde que irrumpiera en 2010 con El asesinato de Sócrates, finalista del Premio Fernando Quiñones y se reafirmara con ‘Al acecho’, una novela negra con la que ganó el premio Felipe Trigo. El mundo del jazz latía en Una chica sin suerte (2018) y a su vez se iba gestando ‘Hijos del carbón’, uno de los grandes hallazgos literarios del último año, una enciclopedia sobre el fin de la minería amasada en varios géneros (viajes, ensayo, novela, periodismo...)  y con el mejor de los recobnocimientos, los lectores. Cinco ediciones avalan el buen ojo de Alfaguara al ‘fichar’ a la leonesa, que ha sido finalista del Premio de la Crítica de Castilla y León y también lo es del Rodolfo Walsh de la Semana Negra de Gijón, aún sin fallar. Hoy regresa a León, para conversar, una de sus especialidades. Será en el Instituto Leonés de Cultura (a las 19 horas) y su contertulio será David Rubio, director de La Nueva Crónica.

– Llegas a León en un ciclo de ‘finalistas del Premio de la Crítica’ con ‘Hijos del carbón’. Un reconocimiento y una alegría más de este libro que ya lleva 5 ediciones ¿Ni en los mejores pronósticos esperabas una andadura como la que está teniendo?
–Estoy muy contenta de que el libro tenga tantos lectores. Es un lugar común decir que ése es el mejor premio, pero es cierto. Agradezco también haber sido finalista del Premio de la Crítica de Castilla y León y del Premio Rodolfo Walsh de la Semana Negra de Gijón, que se fallará en julio. Nunca esperas un reconocimiento así pero es una alegría cuando ocurre porque además he trabajado en este libro durante muchos años. Algo bueno debía de esperar Pilar Álvarez, mi editora, cuando apostó por el libro, y también Julio Llamazares, que fue quien le habló de su existencia. Han sido los padrinos de estos Hijos del carbón y les estoy muy agradecida.

–’Hijos del carbón’ te ha llevado ‘de gira’ por numerosas ciudades y comarcas ¿Hay mucha diferencia entre los lugares donde se conoce la minería y en los que no?, ¿tú misma, hija del carbón, te has sorprendido de la visión que se puede tener de esta profesión donde no se conoce?
– Es distinto presentar el libro en una cuenca minera o en un lugar donde no se sabe cómo es la vida en estos territorios. En ambos casos es muy satisfactorio. En las cuencas mineras se produce un reconocimiento de aquello de lo que hablo, es su propia vida, y en las presentaciones lo que me gustaría es no decir nada y que hablen las personas que tengo enfrente para seguir aprendiendo. Eso suele ocurrir en el momento de las firmas, que es cuando me cuentan sus historias. Recibo también muchos correos electrónicos y la mayoría son de habitantes de territorios mineros. Pero me gusta mucho presentar el libro en lugares ajenos al mundo minero. Y sí, me suelo sorprender de cosas que no conocen y que a nosotros nos parecen del día a día. Me alegra saber que hay interés por descubrir estos territorios

–¿Es la minería víctima de demasiados tópicos?
–Hay unos cuantos, pero es algo que ocurre en todas las profesiones y en todos los sitios.

–¿Qué es lo que más te ha sorprendido de lo que te trasmiten los lectores?
– Las personas que me escriben o que vienen a las presentaciones en las cuencas mineras siempre tienen una historia que contar. Todo el mundo tiene una historia o varias que contar. Como las del libro, suelen ser historias duras. La muerte de un padre o de un marido o la represión en la posguerra. Un ejemplo cercano, de hace unos meses en Cacabelos, fue una mujer que me contó que su madre había estado picando en la mina durante la posguerra, de tapadillo, como ocurría con las mujeres, porque a su marido lo habían metido preso y ella tenía cinco hijos que mantener. Hay muchas historias así y todas son valiosas y me gusta escucharlas.

– ¿Qué es lo que más ha sorprendido a los lectores de ‘Hijos del carbón’ de las historias que cuentas en el libro y no se imaginaban?
–Los lectores que no son de las cuencas mineras se sorprenden de muchas cosas. Por ejemplo al ver cómo la vida en las cuencas mineras se relacionaba de una forma tan intensa con el trabajo, que acaparaba casi toda la mano de obra en esos territorios. He descubierto también que les sorprende mucho saber que las empresas tenían colegios, hospitalillos y hasta equipos de fútbol. Y circunstancias como que los hijos de los mineros muertos tengan prioridad para entrar en la mina.

– La charla de esta tarde (19.00 horas en el ILC) se llama “conversaciones”, tu eres una gran conversadora, ¿tal vez hace falta más que nunca la conversación pura, la de contar y escuchar y llegar al entendimiento? ¿Sobra crispación?
–Conversar es un arte. La parte que menos solemos cumplir es la de la escucha. Muchas veces tienes la sensación de que estás con personas que te están utilizando como un contenedor al que lanzar sus palabras, que son como bolas de papel, y ahí no hay un verdadero diálogo, algo que va en dos direcciones, sino un vertido. Por eso conversar es un arte. Y llegar a entendimientos todavía más. La base de la convivencia es el diálogo y el entendimiento, no se trata de imponer sino de comprender. La dificultad es hacerlo compatible con la defensa de lo que cada uno cree. Ese tira y afloja marca la historia de la humanidad.

–Con algo más de tiempo y distancia para ver lo que ha ocurrido, ¿qué sensación te deja el final de la minería? ¿cómo ves a tu propio pueblo unos meses después del final?
– Si me preguntas por la cuenca minera en la que nací, en la montaña central, han pasado cinco años desde el inicio de la fase de liquidación de la Hullera Vasco Leonesa, que se dictó en febrero de 2016. Cinco años puede ser poco o puede ser mucho tiempo para según qué cosas. Lo que sí es trágico e incomprensible es que todavía no se haya producido el juicio por el accidente en Tabliza. Que las familias de los seis mineros fallecidos lleven ocho años de espera es ya una injusticia en sí misma. Como en todas, la situación de esta cuenca es complicada, pero hay pasos positivos, como unos proyectos turísticos para los dos colegios que estaban cerrados en Santa Lucía, la apertura de la residencia de mayores de La Robla y la apuesta del ayuntamiento de La Pola de Gordón por adquirir las instalaciones de la Hullera en Ciñera, que ojalá sea pronto.

–Hoy conversarás con David Rubio, periodista, compañero en La Crónica y tu director en tu etapa en La Nueva Crónica ¿Cómo ves el periodismo actual, y el llamado de provincias?
–El periodismo local es el periodismo más cercano, por el que sabes que va a haber obras en tu calle o que te van a vacunar. Estar informado es muy importante, es estar en el mundo y no al margen de él. Como otras profesiones, el periodismo también tiene problemas. Una de ellas es la precariedad laboral, que además supone un debillitamiento del periodista, que en ocasiones no puede ejercer su trabajo como debería y querría. La utilización de los medios por motivos políticos o económicos es algo tan viejo como el propio periodismo y su cara más sucia.
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