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No te sientes en la performance

No te sientes en la performance

A LA CONTRA IR

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| 06/06/2019 A A
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No te sientes en la performance
El secreto parece estar en que la sientas como tuya, a la escultura urbana, que no se te aparezca un rey enorme al que para darle la mano tienes que pedirle prestada a la ferretería más cercana la escalera de tijera que tiene para llegar a las cajas más altas de la estantería.

Jamás paso –incluso a altas horas de la madrugada– por delante de la Vieja Negrilla sin que haya alguien acurrucado en su regazo mientras le hacen fotos en todas las posturas y con todos los gestos.

Difícil es encontrar solo a Gaudí –o quién sea, que la leyenda urbana tiene mucho recorrido y otros dicen que es Clarín y hasta hay quien habla de su abuelo el emigrante– sentado en su banco, vigilado por la paloma. Nunca le falta quien se siente a darle conversación o dejarle que escuche la que él está manteniendo por el teléfono móvil, para amar o reñir.

Y no hay adolescente que no haya aprovechado las manos de la escultura de la plaza de la Catedral para colocar las suyas y las de la moza a la que quiere cogérselas, o al revés.

Como no hay mejor forma de mandar la foto de la ciudad que visitas que sentado sobre las letras de su nombre...

Nada que ver con la madre de un viejo amigo. Viajó a Madrid en pleno verano a ver la exposición de un joven artista, hijo de su vecina. Llegaron reventadas y allí les esperaban dos sillas. «¡Uf, qué ganas de sentarnos!».

– ¡Señoras, señoras! ¡No se sienten en la performance!; les gritó el guarda.
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