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No provoquen al columnista

No provoquen al columnista

OPINIóN IR

13/01/2019 A A
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No provoquen al columnista
El candidato del PP a presidir la Junta de Castilla y León anunció esta semana su intención de firmar un pacto para que, después de las elecciones de mayo, gobierne en esta tierra la lista más votada. Dadas sus características, se puede considerar casi una salida de tono, porque tiene esa capacidad de hablar sin decir absolutamente nada que tanto se valora en política, pero da la inoportuna casualidad de que presentó tan ingeniosa propuesta el mismo día que su partido pactaba con Ciudadanos y VOX para desbancar al PSOE, ganador de las elecciones, del gobierno de Andalucía. A veces, el columnista tiene la sensación de que le provocan. Escribí un editorial que me pareció durísimo ante tal ocurrencia, pero a la mañana siguiente dio la también inoportuna casualidad de que escuché el análisis que hacía sobre el asunto Federico Jiménez Losantos: «Alguno si es más tonto nace oveja», sentenció el deslenguado periodista, antes más faltoso que veterano y ahora lo uno y lo otro a partes iguales. Como lo tengo clasificado en el género de la comedia más ácida, me había reído muchas veces con sus comentarios (no perderse la imitación que hizo de José María Aznar esta misma semana), pero nunca había experimentado la sensación de que leyera mis pensamientos, lo que me produjo una completa desazón. Al día siguiente, el alcalde de Valladolid aseguró que lo mejor que puede hacer Castilla y León para luchar contra la despoblación es invertir más en Valladolid. A veces, el columnista tiene la certeza de que le provocan. Me volví a acordar de otra frase que Jiménez Losantos dijo la mañana anterior: «¿Pero éste qué es, el más tonto de Valladolid?». Dos referencias seguidas al pequeño gran agitador de la ondas matutinas y el hecho de que confieso haberme enganchado más de una madrugada a 13TV (bien es cierto que no a sus debates, pero sí a sus clásicos del cine) me hicieron reflexionar sobre mi deriva ideológica. Habiendo asistido a la irrupción de la ultraderecha en Europa primero y en España después, me pregunté si sería así como se manifiesta cuando irrumpe en el cuerpo humano. ¿Se contagiará como un virus? Me asusté tanto que se me revolvió el estómago. Náuseas. Cefalea. Malestar general. Aerofagia. Fatiga. Experimenté lo que un médico definiría como síntomas y Jiménez Losantos simplemente como complejos. Como quien acude a un prospecto buscando respuestas para todos sus males, leí el acuerdo entre el PP y VOX para gobernar en Andalucía, y pronto surgieron en mi interior los anticuerpos para rechazar tan descerebradas propuestas, lo que paradójicamente me tranquilizó bastante. Y eso que lo sucedido en Andalucía niega toda posibilidad de terapias alternativas: Ciudadanos suscribe el pacto sin ponerse en la foto y el PSOE podría haber evitado con su abstención que lleguen al poder unos tipos que, entre otras cuestiones, quieren establecer la presunción de culpabilidad para las denunciantes de violencia machista. Considerando pues lo mío con Jiménez Losantos un episodio aislado, y reconociendo mi ignorancia sobre las claves de todo lo que pueda ocurrir más allá de Altobar de la Encomienda, me preocupo seriamente por otros lugares más cercanos en los que sí pueda irrumpir ahora el virus de la ultraderecha. No pienso tanto en mi ciudad, tan pasmada que no tiende a dar grandes bandazos, pero sí pienso en las dificultades por las que en esta época pasan los partidos políticos para encontrar candidatos verdaderamente válidos en nuestros pueblos, en la necesidad de llamar la atención de algunos de sus últimos habitantes, anticuerpos solitarios y envejecidos, y en que este tipo de políticas suelen triunfar entre aquellos que creen sufrir la injusticia, la desigualdad y que se sienten olvidados por todos los partidos y por todas las instituciones. Me vuelven los mismos síntomas. Creo que no son complejos sino simplemente miedo, la mayor fuente de energía renovable.
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