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"No me planteaba cantar, quería ser como mi padre"

"No me planteaba cantar, quería ser como mi padre"

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Un momento de la conversación entre Carlos Aganzo y Amancio Prada en la «impresionante catedral de hierro»que es el MSM. Ampliar imagen Un momento de la conversación entre Carlos Aganzo y Amancio Prada en la «impresionante catedral de hierro»que es el MSM.
Fulgencio Fernández | 13/09/2021 A A
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"No me planteaba cantar, quería ser como mi padre"
Música Amancio Prada pasó por el MSM de Sabero pero esta vez no para cantar –aunque cantó– sino para conversar con el poeta y periodista Carlos Aganzo bajo el epígrafe de ‘Diálogos con la tierra’, en los que el cantautor berciano viajó a sus orígenes, a sus recuerdos de infancia en Dehesas, a su relación con la tierra, los poetas, lo divino y lo humano y hasta a su admiración por Antonio Molina, de quien interpretó su inolvidable canción ‘Soy minero’
Los numerosos asistentes —todos los que permitía el aforo restringido— al encuentro, a la charla entre amigos, del cantautor berciano Amancio Prada y el poeta y periodista afincado en Valladolid Carlos Aganzo pudieron disfrutar de la versión más sincera y distendida de ambos, de un clima de cordialidad y confesiones mutuas, de reflexiones sinceras, que crearon un clima tan cordial que, por ejemplo, Amancio Prada acabó cantando el famoso ‘Soy minero’, de Antonio Molina, "que era mi ídolo de infancia, yo me pasaba el día cantando por Antonio Molina", confesó en un momento dado y lo demostró ‘arrancándose’ con la famosa canción.

Aganzo y Prada llegaron a Sabero como una actividad integrada dentro del programa del Hay Festival de Segovia, en el ciclo ‘Diálogos con la tierra’, al que sí se ciñeron los dos ponentes así como a la propuesta del propio festival: "La música siempre ha acompañado los momentos claves de la vida del hombre. También en el mundo rural, un mundo ligado a la naturaleza, los oficios de la tierra, las fiestas y las tradiciones. Ahora que la despoblación y la necesidad de una vuelta al mundo rural está sobre la mesa, no está de más repasar cómo la música, las canciones, han marcado su devenir".

Mi padre fue agricultor, mis abuelos fueron agricultores y todos mis antepasados se ganaron el pan con el sudor de su frente. En mi casa todos teníamos algo que hacerFue Carlos Aganzo quien abrió la conversación planteando al cantautor cuál había sido la influencia del mundo rural en la andadura de Amancio. "Toda", dijo el cantautor de Dehesas, para abundar en su explicación: "Sabero sería una gran ciudad en comparación con Dehesas. Mi padre fue agricultor, mis abuelos fueron agricultores y todos mis antepasados se ganaron el pan con el sudor de su frente. En mi casa todos teníamos algo que hacer, algo que aportar a una vida que tenía muchos afanes cada día: ordeñar, arar, regar, ir a las viñas... En el Bierzo se da de todo y a todo se dedicaba la gente".

Y analizó Amancio esa expresión de ‘todos teníamos algo que hacer’, poniendo algunos ejemplos muy personales, vinculados a sus recuerdos. "Cada uno aportaba lo suyo. Los niños estábamos en las cosas pequeñas, había que encender la estufa en la escuela, ir de pastor con las vacas, ayudar a sacar el abono de las cuadras o ir delante de la pareja de las vacas cuando iban a arar las tierras llevando mi padre entre sus manos un arado romano. También con el paso del tiempo reflexionas sobre lo del arado ‘romano’ cuando ves un cuadro de Rómulo y Remo en el Museo Capitolino y te das cuenta que están arando veinte siglos antes como lo hacía mi padre en mi infancia en el Bierzo".

Defendió Amancio Prada la cultura campesina, rural, la de las gentes de su tierra y su infancia. "Yo diría que se trata de una cultura inconsciente de la propia gente que la tiene, gente que incluso podían ser analfabetos, pero que sabían tantas cosas importantes, que ni siquiera están en los libros. Y tu estás allí y no lo percibes pero lo vas viendo al crecer, lo entiendes después, cuando ya estás lejos".

El siguiente paso era analizar cómo estaba presente la música en todos estos ámbitos, de los trabajos, de la cultura rural. "La música estaba presente en todas partes. Mi padre, cuando iba a los mandos del arado, iba cantando y, a su vez, escribía el pentagrama de la banda sonora de mi vida, que iba escuchando. Y en casa mi madre, dedicada a sus labores como decía su carnet de identidad, cantaba mientras hacía aquellas labores, que eran todas: dar de mamar a los niños, ayudar a parir a una vecina, lavar en el río las tripas de los cerdos… Y cantaba, mucho mejor que yo".

Recordó Prada una estampa musical de su infancia cuando acudía a buscar a su madre a la Fuente de la Marcela, "donde el agua salía caliente pues salía de las entrañas de la tierra" y, ya antes de llegar a ella, ya escuchaba a las mujeres cantar. "Igual que escuchaba cantar a otras muchas gentes, a las cuadrillas de segadores gallegos cantaban a porfía, a ver quién cantaba mejor. Lo mismo ocurría con los segadores portugueses... En fin, había mucho sudor pero también mucho canto".

- ¿Y en tú casa?
- En mi casa todos cantábamos. Y mis hermanos cantan y yo diría que lo hacen mejor que yo. Bueno, tal vez no, pero mi madre sí canta mejor que yo.

‘Diálogos con la tierra’ sugiere hablar de naturaleza y música, aunque Amancio Prada reconoció que no sabía "más allá de constatar que hay muchos sonidos en la naturaleza, lo que no hay es ruido". Lo que sí quiso recordar, dado que estaban en el Museo de la Minería, la experiencia vivida cuando Luis del Olmo le llevó a un programa que hacía en el interior de una mina, a muchos metros de profundidad, junto al Dúo Dinámico. "No sé cómo se cantaría en la mina o si se cantaría, pero al verme allí lo que me sobrecogía era el silencio, un silencio que tenía algo de opresor, al saberte con tantos metros de tierra encima". Regresó entonces nuevamente el recuerdo de la canción de Antonio Molina, pero hizo Prada también otra lectura. "Con el tiempo, pensando en la letra, te das cuenta que esa canción tan hermosa es muy reaccionaria, cuando dice, por ejemplo, “no me da envidia el dinero…" es decir, parece que invita a los mineros a que no reivindiques más dinero, mejores sueldos. Hay más pero nada quita que la canción siga siendo maravillosa".

Fui a ver a José A. de Paz para pedirle datos para mi tesis de la Sorbona, tenía una guitarra en su despacho, le canté una canción y me dijo: ¿Qué haces estudiando Sociología? CantaReconoció Amancio Prada que no pensaba en dedicarse a la música, "eso vivía en el campo de los sueños, una quimera" pero fue surgiendo... "Al acabar el Bachillerato no sabía qué hacer, cantar ni me lo planteaba. Admiraba a mi padre, que estaba suscrito a El cultivador moderno y en aquella revista leí que habían abierto en Valladolid los Jesuitas una Escuela de Ciencias Empresariales aplicadas a la Agricultura. Y me fui para allí, eran tres años y también me matriculé en el Conservatorio". Pasados los tres años quiso seguir ese camino y "me fui a la Sorbona a estudiar Sociología y empecé a hacer una tesis sobre Agricultura a tiempo parcial en el Bierzo pero, al venir al Bierzo a recoger datos, comprobé que no existía ningún dato, ninguna estadística, que era lo que necesitaba. Hasta que me hablaron de un cura, José Álvarez de Paz, que tenía algunos. Fui a verle, estaba en su despacho, en el que tenía una guitarra colgada. Le hablé de mi trabajo y él me pasó los pocos datos que tenía. Le pregunté por aquella guitarra y me dijo que componía y cantaba canción protesta y cuando le dije que yo también cantaba me dio la guitarra para escucharme cantar. Lo hice y me dijo: ¿Qué haces estudiando sociología rural? Dedícate a cantar. Y me convenció de que debía dedicarme a aquello que yo veía casi imposible; por eso ahora siempre recomiendo hacer aquello que te gusta, lo que te llene".

Para cerrar el tema central de la conversación Aganzo le planteó la expresión que tantas veces se dice: "Muy bien lo de defender la naturaleza, pero de la naturaleza no se vive"; expresión que rebatió Amancio Prada.

- No se vive del paisaje pero sí en el paisaje; y del paisaje podríamos vivir si lo cuidáramos, pues encierra la enorme sabiduría de los pueblos, su belleza. ¿Si los pueblos dejan de ser bellos qué sería el turismo rural? El feísmo es terrible, todos sabemos cuando hay un paisaje hermoso, conviene que la mano del hombre no lo afee. Hay que cultivar la tierra y la belleza que hay en ella.
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