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Más de tres mil personas pintaron de morado las calles de Ponferrada

Más de tres mil personas pintaron de morado las calles de Ponferrada

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Participantes en la movilización de Ponferrada. | M.I. Ampliar imagen Participantes en la movilización de Ponferrada. | M.I.
Mar Iglesias | 08/03/2020 A A
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Más de tres mil personas pintaron de morado las calles de Ponferrada
8M La "Revuelta feminista" apostó por visibilizar la necesidad de compartir una sociedad de iguales en otro 8-M que reconocen que abre camino
Más de 3.000 personas pintaron de morado las calles de Ponferrada en otro 8-M para reivindicar la igualdad entre hombres y mujeres desde una “Revuelta feminista” a la que invitaban los colectivos feministas encabezados por las Plataformas contra las violencias machistas del Bierzo y Laciana.

Una movilización que retumbaba con el sonido de la batucada para poner el foco inicial, y que seguía con una manifestación que pedía “un mundo libre de machismo, de violencias, de racismo, de desigualdad entre hombres y mujeres”. Así comenzaba el manifiesto que este año leyó Isabel Baílez, en el que pedía una sociedad “que posibilite tener una vida digna a todas las personas que formamos parte de ella”.

Los grupos feministas reconocen los avances, en los que hay que continuar. “Hemos trazado el camino, pero hay que caminarlo”, decía la portavoz. Y hacía un llamamiento a los poderes públicos “para que se consideren las violencias machistas una cuestión de Estado”.

En el manifiesto, que se leyó después de un recorrido que partió a las 12 de la Plaza Julio Lazúrtegui para acabar en la Plaza del Ayuntamiento, pedían la reforma de la ley orgánica de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género “que contemple y no excluya a las víctimas de todo tipo de violencias machistas”.

Exigían también la abolición de la prostitución “en una sociedad en la que por nacer mujer no estemos condenadas a ser la mercancía para proxenetas y puteros”. En su discurso final pidieron una sociedad donde impere el respeto, la libertad “y denunciamos la justicia patrialcal que no nos considera personas de pleno derecho y que nos quiere dóciles, sumisas y calladas”. Denuncian también la violencia sexual que afecta, sobre todo, a mujeres vulnerables y que haya pensiones para las mujeres que han trabajado en casa, un trabajo que no ha sido visible ni remunerado “y el trabajo de cuidados debe ser reconocido como un bien social de primer orden”, decía Baílez.

Con una cita de Octavio Salazar cerraron su discurso, pidiendo que se acabe con el silencio: “Si el machismo perdura es porque los hombres hemos sido cómplices”.

Antes de la manifestación, los aledaños del Teatro Bergidum aparecieron repletos de fichas de papel desde las que recordar la memoría de mujeres destacadas, de guerrilleras, de científicas. Un pequeño museo de la memoria feminista que pedía seguir en la lucha por ellas. También en las calles aparecieron lemas y objetos como compresas reivindicativas que pretendían llamar la atención sobre las violaciones.

“Mujer si no luchas nadie te escucha”


Los lemas de la manifestación recordaban a las que faltaban, para las que se dejó un espacio libre y pedían luchar. Desde sus venas, hombres que arropaban esos mensajes. “Estoy en la lucha de las mujeres trabajadoras”, decía un participante de 35 años, y el papel que debe jugar el hombre en ello, considera que “es el feminismo. Debemos ser feministas y luchar por el derecho de la equidad. Ser personas totalmente iguales”.

Junto a él, dos chicas de 16 años querían reivindicar con las pinturas moradas que hablaban desde sus caras “que se acabe el machismo ya. Las mujeres también somos personas”, decían. El machismo les ha tocado sobre todo en forma de “señores que te silban como si fueras un perro o coches desde los que te dicen guarradas”.

Y las madres también daban la mano a la movilización por considerar que “es necesario salir a la calle y lo será por muchos años”, decían. Aunque asumen que ha habido cambios a favor de la mujer “no han sido tantos”, decían “esperamos que siga así por nuestros hijos y nuestros nietos”. El machismo a ellas les ha golpeado fuerte, aunque no se atreven ni a contarlo “a los hombres les cuesta aceptar que una mujer pueda ser inteligente o lista”.

Pero sus hijos, aseguran que ya no han sido educados así y desde ahí consideran que debe venir el cambio “debe solucionarse cuando se empiece desde abajo. Que no vean que su madre lo hace todo en casa mientras su padre ve la televisión, pero para eso debe pasar mucho tiempo”, auguran.
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