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Marmitas, cestas de mimbre y fiambreras

Marmitas, cestas de mimbre y fiambreras

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Toño Morala | 02/04/2018 A A
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Marmitas, cestas de mimbre y fiambreras
Reportajes Los obreros rompían el amanecer en bicicleta, alguna moto pequeña o acudiendo a coger el autobús o el tren; en su mano el almuerzo, en viejos recipientes que fueron evolucionando
Como casi siempre, la memoria de cuando era crío, de cuando la madre preparaba la comida por la tarde- noche en aquella maravilla de cocina económica de carbón y, donde además, las ollas de San Ignacio, aquellas rojas por fuera y con pintinas por dentro, cobijaban lentamente las lentejas y garbanzos; el segundo plato, generalmente, alguna tortilla de lo que hubiera, unas sardinas… la madre, también madrugaba y lo hacía en el momento de marchar el paisano a trabajar. Y a eso del alba, el otro alba, el del duro trabajo en las fábricas y obras, se veía desde la ventana, cómo marchaban los obreros a las paradas de los coches de línea de las empresas; otros iban en bicicleta y llevaban la cesta de mimbre amarrada en el portabultos de la misma con aquellas gomas fabricadas con viejas cámaras de las ruedas ya muy desgastadas. Iban con la dinamo de la bicicleta para dar luz, y lentamente desparecían de las calles camino de los tajos. Y se llevaba la comida para almorzar, pues las jornadas eran prácticamente todas partidas… y se llevaban las fiambreras en las cestas de mimbre, y algunos más modernos, en bolsas de deporte, que parecían que iban al gimnasio… pero eso sí, el de tirar de pico y pala, e incluso muchos obreros ya iban con la funda puesta y el tabardo bien cerrado en los duros inviernos. Y muchos de estos grandes obreros, si iban en bicicleta o en moto, se metían en el pecho hojas de periódico para parar el frío… así lo recuerdo desde niño. Y cuando por la tarde, llegaban de trabajar, lo primero que hac ían las madres era lavar y fregar bien las fiambreras, y las ponían a secar encima de las trébedes, a la orilla de la chapa de la cocina de carbón. También me llega al recuerdo, cuando por la noche la madre metía en el horno la comida del padre para que estuviera caliente a la madrugada. Sí, hoy vamos a escribir sobre las fiambreras, las formas de calentarlas, algunas en marmitas, y sobre las cestas de mimbre, donde todo iba bien colocado para que llegara a buen término el sagrado deber de comer para rendir en el trabajo. Y no tenemos que olvidarnos de la gran solidaridad entre los trabajadores, muchos, sabedores que algunos compañeros tenían muchas bocas que alimentar, cedían parte de su fiambrera a los mismos para llenar el buche, como también, las sobras, si algo sobraba, o huesos o espinas, eran para los gatos y algún perro al acecho.

Y a eso del alba, el otro alba, el del duro trabajo en las fábricas y obras, se veía desde la ventana, como marchaban los obreros al trabajo con sus cestas y fiambreras La de patatas viudas que llevaron en sus adentros algunas de estas fiambreras… fiambreras que se comprende que eran para llevar fiambres, pero de eso poco, más bien se llenaban de potajes varios, alguna sardina, tortillas… algo de chorizo el que hacía matanza, y poco más; eso sí, el cuartillo de vino en aquellas botellas de cierre buenísimo de medio litro de gaseosa, y más para acá, pero mucho más para acá, un pequeño termo con algo de café. Muchas de estas fiambreras solían ser de aluminio y aportaban una variedad de sistemas de cierre más o menos ingeniosos para garantizar y evitar el derrame del contenido, que tenían en común un sonido de “clap” cuando el invento quedaba activado.

Algunas combinaban un par de tapas de cierre, que también hacían de platos, para establecer dos compartimentos independientes y poder contener dos comidas diferentes, como un cocido debajo y una tortilla o algo de pescado encima, sin que el caldo del piso inferior inundara el piso superior. Las había sofisticadas, de acero inolvidable e inoxidable, que mantenían la forma tradicional, hasta que llegaron las de plástico trastocándolo todo e imponiendo su nombre en Inglés, “tupper”, una… pónganle ustedes el adjetivo. Lo más habitual era que en la obra o fábrica, hubiera un pinche encargado de recoger todas las tarteras y fiambreras para calentarlas media hora antes de que tocase la sirena y pararan todos para comer. Más de una vez, alguna broma se tornaba pesada al cambiar el contenido de algunas fiambreras con el descontento y mala leche del que le tocaba; algunos, ni siquiera abrían la boca para que no se riesen de él… cosas de aquellos tiempos para pasar unas risas en la hora de la comida.

Una marmita es un recipiente de la familia de las ollas que dispone de una tapa para aprovechar el vapor, y una o dos asas. Para la RAE, es una olla exclusivamente metálica, aunque en el uso popular del término, en la mayoría de los países de habla hispana, la marmita es sinónimo de olla, puchero o cazuela, y por tanto, puede estar hecha de los materiales comunes a dichos útiles de cocina, desde el barro hasta la cerámica más sofisticada, pasando por el vidrio, aleaciones metálicas, etc. En otros contextos tanto culturales como geográficos, la marmita se identifica con el ancestral caldero metálico. La creación de la “marmite” se le atribuye al físico francés Denis Papin, como uno de los frutos de sus descubrimientos en torno al estudio de las propiedades y aprovechamiento industrial del vapor. Pero por lo general, el bidón en la obra con unas brasas, en las fábricas algo eléctrico o con carbón vegetal, y ya más para acá, el infiernillo de gas o de alcohol.

Fiambreras que se comprende que eran para fiambres, pero de eso poco, más bien se llenaban de potajes varios, alguna sardina, tortillas y chorizo el que hacía matanza Y si nos vamos a la historia, a esa antropología del día a día… Esto es lo que nos desvela una “fiambrera” de la Edad del Bronce hallada en los Alpes suizos. Los contenidos de un pequeño recipiente de madera de la Edad del Bronce podrían ayudar a los científicos a descifrar la evolución de los europeos primitivos. Entre 2.000 y 4.000 años atrás, un europeo primitivo que recorría los Alpes suizos probablemente perdió su “fiambrera”. Una pequeña caja circular de madera para transportar comida fue descubierta en 2012 en una cumbre de más de 2.400 metros de altura en la parte occidental de los Alpes berneses, en Suiza. En el momento de la excavación, se encontraron en el yacimiento varios objetos. El rápido retroceso de los glaciares debido a la subida de las temperaturas desveló objetos que no habían sido utilizados por humanos durante miles de años. Cuando la encontraron, la caja no destacaba especialmente en la colección de objetos descubiertos. Sin embargo, los estudios posteriores han revelado que la pequeña caja contiene nueva información acerca de la agricultura humana primitiva. Los análisis microscópicos y moleculares de las proteínas y los ácidos grasos que había en la caja han mostrado que esta contenía granos de cereal. Investigadores del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva y de la Universidad de York llevaron a cabo los análisis de esta “fiambrera”. En un comunicado de prensa publicado por el instituto, señalaban la importancia evolutiva del cereal en la historia humana. El paso de Schnidejoch, donde se encontró la fiambrera, conecta el valle de Valais, en Suiza con Italia. Los investigadores esperan que el hallazgo ofrezca una de las piezas que faltan en el puzle del desarrollo de estas prácticas agrícolas primitivas y de su extensión por toda Eurasia. Debido a que la fiambrera era relativamente pequeña y ligera, al estar fabricada de pino suizo, los investigadores sugieren que habría sido empleada para viajar a través de los pasos de los Alpes. La Europa de la Edad del Bronce vivió un periodo de migraciones masivas. En un estudio de 2015 publicado en la revista Nature se analizó el ADN de este periodo y se descubrió que los pueblos de regiones que ahora se encuentran en las actuales Rusia y Ucrania probablemente migraron al oeste hacia Europa durante este periodo de tiempo. Los autores del estudio sugerían que los asentamientos primitivos encontrados al final del paso de Schnidejoch indicarían que la región no solo albergaba asentamientos, sino también comercio a pequeña escala. Uno de los autores del estudio, Francesco Carrer, sugirió en un comunicado de prensa que el uso de los objetos es similar a hábitos humanos equivalentes, afirmando que «estas pruebas arrojan luz sobre la vida en las comunidades alpinas prehistóricas y sobre su relación con las altitudes extremadamente elevadas. La gente que atravesaba los pasos alpinos llevaba comida para su viaje, al igual que hacen los excursionistas en la actualidad». Aquí lo dejamos, pero nunca se olviden, de que una buena fiambrera de aquellos años, fue tan importante como que ahora estamos casi todos por aquí… qué gran invento, y qué poco valor se le da.
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