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Los torreznos de Fifi

Los torreznos de Fifi

OPINIóN IR

21/05/2020 A A
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Los torreznos de Fifi
Anda que no se ha escrito sobre las mejores tapas, cecinas o botillos de la provincia. El subjetivo paladar de numerosas asociaciones de ‘triperos’ ha beatificado en diferentes figuras de calidad a incontables productos y recetas de estas tierras. Sin embargo, tal vez por la oligarquía castellana en la materia, los torreznos siempre han escapado a estos reconocimientos a pesar de ser juez y parte en parvas y meriendas de lo más ‘cazurro’. Para resolver este agravio, me dispongo en estas líneas a condecorar a los mejores torreznos de León: los de Fifi. No tengo pruebas, pero tampoco dudas.

Crujiente corteza, entreverado tocino y tierno magro. Esta vecina de mi pueblo no ha confesado otro truco que no sea un prolongado confinamiento del torrezno en la sartén. Macerando en aceite desde la noche anterior y cocinado a fuego lento, en ninguna otra receta el tiempo juega un papel tan crucial. Precipitarse provocaría, de modo irremediable, que el resultado no fuera el deseado.

Y es que las prisas no son buenas consejeras, ni en la cocina ni en la mayor crisis global en tres cuartos de siglo. Sí, el país tiene que echar a andar... pero en los tiempos e intensidades programados desde esa placa de inducción a la que algunos llaman comité de expertos. La desescalada no puede quedar contaminada por el beneficio de un Gobierno altivo cual carta de un tres estrellas o por el de una oposición sin otro menú alternativo que la crítica incendiaria. Tampoco debe guiarse por ninguna de las 47 millones de variadas y legítimas circunstancias que envuelven a 47 millones de individuos con tanto derecho a soluciones como deber de civismo. Si este quincenal ‘de oca a oca’ con los estados de alarma ha sido demoledor para el sistema, un retroceso sería letal. Algo parecido al ‘hostiazo’ de caer en la casilla de la calavera y regresar al principio del tablero con el sabor de un merecido triunfo acariciando los labios.

Un sabor a victoria que, para recuperarse de los monumentales esfuerzos colectivos, solo puede quedar culminado con el regusto de contundencia calórica que dejan unos buenos torreznos. Sabores a los que solo llegaremos si los fogones quedan en manos expertas, ya sean las de la ciencia o las de Fifi.
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