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Los reyes de las legumbres

Los reyes de las legumbres

OPINIóN IR

12/04/2019 A A
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Los reyes de las legumbres
El declive industrial, económico, poblacional y de todo tipo es sin dudad el mayor de los problemas de esta provincia. En realidad, y solamente circunscribiéndonos a nuestra comunidad, no es un caso único pues, de hecho, quitando la villa y corte de Valladolid, que sin duda ha subido muchísimo, todas las demás provincias no se puede decir que vayan mejor.

Pero mal de muchos, ya se sabe, consuelo de tontos, así que, dejémoslo ahí.

En casi todo hemos ido para abajo, y no voy a nombrar en qué, porque eso ya lo he escrito más de una vez.

Sin embargo, hay un mundo, callado y no valorado, que ha mantenido el tipo. Bueno, ha mantenido el tipo y más.

¿Saben ustedes, queridos lectores, que el sector del envasado de legumbres de esta provincia es el mayor del país, y que aquí se manufactura más de la mitad de todo lo que se envasa en España?

Y no es de ahora, que viene de lejos. No muy lejos, pero sí bastante. Más o menos desde después de la Guerra.

Y eso es así porque unos cuantos empresarios se pusieron a la labor de vender las legumbres que aquí se producían.

Tiene fama la lenteja de la Armuña, el garbanzo de Fuentesaúco o de Pedrosillo y la alubias de La Bañeza, de Tolosa o de La Granja. Todas ello excelente.

Pero es que en León había (y hay) buena lenteja, buen garbanzo y buena alubia, así que, como es lógico, en un sitio donde había bueno de todo, se envasó… de todo, con las limitaciones de producción que había (y también hay).

Y fueron lo suficientemente emprendedores e industriosos, que dominaron el mercado, y como la producción no era suficiente, tuvieron que buscar fuera. Y así, crecieron.

Con todo y haber desaparecido algunas marcas muy conocidas, las demás, muy grandes, grandes y no tan grandes, han mantenido perfectamente el liderazgo, envasando muchos, pero muchos, millones de kilos.

El avispado lector habrá notado que solamente me he referido al envasado, porque, la producción, como ya apunté anteriormente, ya es otra cosa.

Todos esos millones mayoritariamente se venden por las grandes cadenas distribuidoras, supermercados e hipermercados, lo que exige continuidad de calidad en el producto. Es evidente: si tú compras un garbanzo de la marca ‘X’ y es estupendo, pero la siguiente vez ya no lo es tanto, lo más probable es que no vuelvas a comprar esa marca.

Así que hay que conseguir grandes cantidades iguales, cosa que en España, y menos en León, son imposibles, por lo que hay que traer las legumbres, todas, de los países que son capaces de una producción grande e igual: lentejas de Canadá o Turquía, garbanzos de Estados Unidos o Méjico, alubias de Argentina… Porque aquí, esas cantidades, además uniformes, son pura entelequia.

He oído quejas en la televisión de que los productores locales no venden su legumbre, pero ¿quién puede vender diez millones de kilos de garbanzos (o de lo que sea), producidos por cientos de agricultores, cada uno de su padre y de su madre, a golpe de diez o veinte toneladas cada uno. No es posible sin grave riesgo para la comercialización.

Y no es que no se haya intentado.

Es más: me contaron una historia.

Hace bastantes años, los envasadores de la provincia acordaron promocionar conjuntamente la alubia de La Bañeza, y como eso, por la fragmentación de los terrenos sembrados, no era posible sin una coordinación con los agricultores, se pusieron de acuerdo con sindicatos y productores: los empresarios proporcionaban la simiente para que toda fuera igual, se pactaba el precio y el volumen sembrado por cada uno antes de empezar la temporada, y se garantizaba la compra.

Como siempre hay listos, unas veces se mezclaban nuevas con viejas, eran de otro tipo o ni tan siquiera lo producido se correspondía con lo pactado. En todo caso, la operación siguió adelante. Hasta que un día se colmó el vaso: al abrir una partida ensacada en sus blancos sacos, a alguien se le ocurrió darles la vuelta: se leía «producido en la República Argentina». Ni se habían molestado en poner sacos nuevos. Simplemente les dieron la vuelta y los volvieron a llenar con alubia del otro lado del charco. Y allí se acabó el negocio.

Así que, un aplauso para los envasadores. Para los productores, al menos en este caso, no tanto.

Pero hay una cosa evidente: si queremos legumbres en cantidad, buenas e iguales, nos las van a traer de fuera. Nos pongamos como nos pongamos. Una pena.

Y es que no aprendemos.
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