Los personajes del tío Ful: Luis Ferreras, molinero en Villacidayo

Los personajes del tío Ful: Luis Ferreras, molinero en Villacidayo

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Fulgencio Fernández | 30/04/2022 A A
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Los personajes del tío Ful: Luis Ferreras, molinero en Villacidayo
Personajes Molinero, ganadero, luchador, futbolista y ahora cantor; Luis, el último de varias generaciones de molineros es todo humanidad, física y moral, grande y bueno, conversador...
Le gusta la conversación por el vivir, un filandón es para él una fiesta porque le transporta a tantos momentos vividos, como molinero, pescador —incluso algo furtivo—, ganadero de leche, luchador, futbolista rompedor y ahora cantor en el Coro Escarcha de gentes de la comarca. «Aunque a mi lo que me gusta son las rancheras; lo bueno del coro es reunirte, encontrarte con gente, mantener el contacto... porque ¿sabes una cosa?».

- No, pero me la vas a decir.
- Que me gustó mucho practicar la lucha leonesa y ahora, al margen de los trofeos que ves por ahí, estoy contento de haber luchado porque dejé muchos amigos, porque cuando voy a los corros los encuentro y nos ponemos a hablar que casi se nos olvida mirar para el corro.

Es Luis Ferreras, de Villacidayo y Gradefes, antiguo campeón provincial de lucha leonesa, molinero hasta que irrumpieron allá por los años ochenta nuevas tecnologías que permitir a las gentes del campo tener un ‘pequeño’ molino en sus casas acoplado al tractor, fue entonces ganadero —«de los de toda la vida, de vacas de leche», explica— que llegó a tener más de un centenar de cabezas y «daba alrededor de 1.800 litros diarios de leche a la fábrica». Sin desdeñar otro tipo de trabajos pues su tremenda humanidad y fortaleza se lo permitía.

«Y cuando uno es joven...», dice con aires de nostalgia y recordando que se le daba bien el fútbol y allí donde iba a trabajar se enrolaba en el equipo, de Boñar a Zamora. «Mi fichaje por el Damm de Zamora fue el más fugaz de la historia porque al día siguiente de firmar la empresa nos mandó para otro destino y pedí la baja».

Sonríe al recordarlo. Le gusta viajar a los recuerdos de lo mucho que ha vivido y trabajado, aunque algunos le levantan algunas ampollas. «Ver cómo está lo de la leche no lo puedo entender; hace cuarenta años nos pagaban más el litro de leche que se lo pagan ahora, no se puede entender ni consentir».

Y para ahogar los malos recuerdos, pues a cantar en el coro y a jugar la partida cada tarde. Se lo ha ganado.
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